RSS

Conjuros de Papel

09 Dic

Después de hacerme pasar, me indicaron la camilla arropada con sábanas limpias, y me pidieron que me sentara. Ambos intentaron, con sutiles argucias, ocultarme el cubo cilíndrico que reposaba debajo, y que contenía varios algodones manchados de rojo. No lo consiguieron.

–   ¿Cómo estás, cómo te sientes? – me preguntó el médico varón con un tono amigable, mientras desenvolvía el instrumental y preparaba su espacio.

–  Yo estoy perfectamente bien – bromeé-. Son ustedes quienes me dicen que no lo estoy.

Ambos sonrieron, quizás advirtiendo mi escaramuza para alejar los nervios mordisqueantes, perturbadores, que volvían mis movimientos torpes y de seguro daban a mi rostro una expresión parecida a la estupidez o el desamparo.

El médico aparentaba menos años de los que en verdad tendría, quizás debido al cabello largo, recogido en una cola, que le caeía sobre la espalda de la bata blanca. La mujer, trigueña, robusta, de fácil sonrisa. Después sabré un dato curioso: son marido y mujer. Tres niños de por medio.

–  Primero préstame tu dedo – dijo él, en su mano el aguijón de pesadilla que en mi infancia aparecía para pincharme la punta de los cinco dedos de las dos manos. “Empezamos mal”, pienso con amargura. Siempre he preferido todas las agujas del mundo en brazos o nalgas, antes que ese filo sacándome gotas de sangre de las yemas.

Dicho y hecho. Un corrientazo en el del medio: “Siempre lo hago sin lástima – dijo él-. Si te lo hago con lástima puedo tener que pincharte dos veces”. Y yo asiento. Sí, definitivamente lo hace muy bien. Y sin nada de lástima.

Después, ambos se tomaron unos segundos. Otra vez habló él:

–  Ya debes saber básicamente cómo es el proceso, pero igual te lo explicamos. Ahora deberás acostarte de lado en la camilla, en posición fetal. De frente a la pared y de espaldas a nosotros. Te agarras las piernas como cuando sientes mucho frío. Nosotros te vamos a bajar un poco el pantalón y te subiremos el pullover. Sentirás algunos pinchazos en la cresta ilíaca, específicamente en uno de esos dos pequeños orificios que están encima de las nalgas. Después, un ligero ardor: la anestesia.

“La anestesia para engañar a mi psiquis” pensé. Sabía perfectamente que sólo se adormecería la zona muscular, pero que más allá, a donde en verdad iríamos, no habría nada que hacer.

–  Lo primero que haremos será tomar una muestra de la médula, en el interior del hueso – prosiguió él-. Ese es el medulograma. Ahí no sentirás casi nada. Después vendrá un poco de manipulación, y un poco de dolor quizás. Necesitamos tomar una muestra del hueso plano de la cadera para hacerle una biopsia. Lo más importante es que no te muevas por nada del mundo. Hay pacientes que gritan, y otros que dicen que fue más impresión que otra cosa… pero nada de movimiento, ¿ok?

Y yo asentí, sabiendo -por pura intuición- que esas historias de procedimientos indoloros, veloces, son tan hermosas como las historias de hadas, pero quizás un tanto más falsas. Son las descripciones de manual que los médicos, en su intento por evadirnos el dolor, nos colocan en el cerebro a modo de distracción. Pero solo eso. Ellos lo saben.

¿Qué sentí en ese segundo mortal, especie de “principio del fin”, en que ya tuve que colocarme en semejante posición de vulnerabilidad? Desamparo. Exactamente eso. Me sentía igual de indefenso, de voluble, que esos fetos a los que ahora pretendía imitar. La certeza de que nada de lo que viniera a partir de este momento, sería agradable. Y que no podría hacer nada para evitarlo.

Una serpiente helada, finísima, avanzando dentro de mí. Un primer pinchazo: el ardor ácido de la anestesia embrujando mis tejidos. Movimientos de los dedos del doctor sobre el área infiltrada, estimulando la superficie de la cadera con sus manos. Después, un segundo pinchazo. Y un tercero. Un dolor soportable aún: algo que penetraba cuidadosamente, que posaba una aguja allí donde la médula nace, y que succionaba parte de esa materia esponjosa.

Sí, dolor palpable. Mis manos aferradas a las barandas laterales de la camilla, sintiendo escalofríos y corrientazos que partían de mi organismo y terminaban mezclándose con el frío de la aguja. Algo así, más o menos: cuando la única guía es la imaginación y la percepción carnal uno no puede ser muy exacto.

Algunos minutos de dolor intenso pero controlable, y yo pensando, entre contracciones de muslos y mejillas: “Ya pasa, ya pasa, ya pasa”. Y en algún momento pasó. Dejé de sentir la culebrilla en mi interior, el material frígido de la aguja. Pero entonces la voz femenina, alentadora como de madre, dijo detrás de mí:

–  Ahora vamos ya a la segunda parte. Fuerte ahí, venga.

Y ya nada volvió a ser racional, coherente. Nada volvió a ser controlable.

Un metal comenzó a avanzar centímetro a centímetro, brusco, violento, desplazando tejidos en busca de su objetivo: el hueso. Un trócar (lo vería después) enorme, cilindro que remata en punta, con otro cilindro en su interior, que ganaba terreno a duras penas por el empuje de manos entrenadas, y que por cada milímetro de avance me arrancaba muecas de dolor. Siempre adentro, siempre agudo: un trayecto de pocas pulgadas que yo advertía interminable.

 

Trócar empleado para las biopsias óseas

Un ligero chocar contra la cadera: la resistencia ósea. Y casi de inmediato la sensación indescriptible, impronunciable, extraverbal como casi todo lo sublime o terrible, del metal aferrándose al hueso e intentando desprender una partícula de este.

¿Puedo escoger un adjetivo para ese dolor? Sí. Pero es un adjetivo poético que solo yo puedo comprender, y solo yo puedo saber cuán exacto es. Este dolor no era “fulminante”, ni era “infernal”, según intentamos describir lo tremendo. Era, más bien, un dolor dulzón. Así de simple. Un dolor dulce que me hacía gritar sin abrir la boca, y que tensaba mis manos contra la baranda mientras allá adentro la punta de un cilindro filoso me lastimaba el hueso.

–  Sentirás un tironcito – dijo una voz que no pude identificar: si él, si ella.

Y el tironcito llegó. Pero no desprendió nada: mi cadera siguió intacta. Unos segundos de reposo. Me atrevería a afirmar que de reposo para ellos mismos, vagamente decepcionados por no haberlo conseguido a la primera vez.

Entonces, en ese segundo grisáceo donde molestaba hasta el pensamiento, una puerta que se abre, que se cierra, y un olor que a estas alturas ya me era muy reconocible, arrimándoseme con sigilo. Una voz cimbreante: “Cómo se está portando mi muchacho”, que dispersa por un instante el espanto que me hace temblar, que me hace sudar las manos y los pies en medio de un clima antártico.

Su nombre: Lismary Cruz. La hematóloga que desde hacía una semana me saludaba a las siete y media con una sonrisa como un bálsamo, me auscultaba, respondía mis interminables preguntas con una presencia de ánimo más que profesional, angelical; y que junto con otros especialistas se dedicaba a algo que, al menos para mí, tenía no poca importancia: poner empeño y talento en función de preservarme la vida.

El pelo negrísimo, ondulado, resaltando sobre la piel blanca. De estatura baja, y con una belleza facial que le impedía –según sus simpáticas y ególatras palabras- asustar a un paciente sexagenario, junto a mi cama, que se aquejaba de hipo: “Tengo que buscar a alguien muy feo que te asuste y te quite ese hipo, querido. Yo, aunque quiera no puedo”. Y después, la sonrisa divertida.

–  ¿Cómo se está portando mi muchacho? – dijo, su voz quebrando el momentáneo silencio.

Y alguien le respondió que excelente, que soy un hombre, que estaba aguantando sin moverme un milímetro, y yo con deseos de preguntar qué era un hombre, qué era aguantar, cómo se enfrentaba lo que ahora mismo sentía, y que comenzaba a crecer otra vez, a tomar más cuerpo, desde que esa voz masculina que a pesar de todo era tierna, me dijo: “Vamos otra vez”.

Lismary se aproximó a mí, puso sus manos cerca de las mías. Mi instinto pidiendo auxilio: tomé su mano como si fuera mi madre o mi hermana o mi novia: cuidando no lastimarla, amordazado por el dolor pero apaciguado porque, de alguna forma inconsciente, confiaba en ella más que en el resto. Presumía que si ella estaba nada muy malo podía pasarme. Aunque esto, en realidad, no fuera cierto.

Los impulsos con que debían introducir nuevamente el trócar me movían el torso. Por momentos eran tan fuertes que me giraban varios grados. Dolía. Dolía hondo. Y dulce. Me temblaban las piernas. El apoyo de Lismary me llegaba ahora subliminalmente al igual que su voz, hablando cerca, intentando calmarme, diciéndome “Estamos acabando” cuando en verdad no estábamos acabando; su voz que de repente, sin que ahora mismo yo pueda recordar por qué o cómo, me empezó a hablar de origamis, de las artísticas formas que algunos saben dar al papel, y de que ella misma sentía pasión por hacerlos.

“Me tienes que regalar alguno, jamás he tenido uno”, digo en un momento de lucidez y calma, para de inmediato cerrar los ojos y sentir que por fin las lágrimas me ganaban la pelea. Nacían apretadas contra los párpados. Y el trócar adjuntándose a mi hueso, mordiéndolo, intentando fijarse para quebrar un fragmento… cuando nuevamente llegó el tironcito, y nuevamente en falso.

Otra vez silencio. Yo los escucho callar. Y escucho un trajín de manos e instrumentos, y pasos que después comprenderé: la doctora debió ceder a la fuerza masculina. Mis huesos estaban demasiado duros. Así mismo me dirán. Por suerte, huesos jóvenes y fuertes; pero ahora por desgracia.

Los impulsos hacia dentro, la carne que no quiere, el dolor que ya es agridulce, que me provoca espasmos y breves quejidos que apago con las rodillas en mi boca. Quiero que todo termine ya. Quisiera que nunca hubiera comenzado. Me duele demasiado. Demasiado. A veces es como que perfora, otras como que se aplasta. No sé. Tampoco sé cómo no me desmayo por completo. Quizás es por la voz redentora de Lismary, que dice cosas que no comprendo pero que sí alivian; quizás es porque con mi sufrimiento les agradezco, después de todo, a estos médicos estupendos que se toman el trabajo de estudiarme y poner sus mejores nociones para mí.

Un crujir inaudible. Ningún oído lo escuchó. Más bien, lo escuchó mi interior. Y el trócar que vino ahora en sentido contrario, hacia afuera, aprisionando por fin una partícula amarillenta (los huesos no son blancos) que no veré, que no quiero saber si es milimétrica o inmensa, pero que terminó con una media hora de espanto.

Y ahora relajarme. A destensar los músculos. Sentir los algodones que me limpiaban, y que también irían a parar en el cubo cilíndrico bajo la camilla. Escuchar la voz de mi hematóloga diciendo: “Ya terminamos, ya terminamos…” con una secreta compasión que no podía confesarme, con una empatía por mi dolor que profesionalmente no podía demostrar, pero que yo sé que sí experimentaba.

Sentarme, ponerme de pie. Mirar a esos dos médicos jóvenes, futuros hematólogos también, que no permitían que ese breve espacio se llenara de gris a pesar del sufrimiento, y me dedicaban bromas y palabras de aliento. Sus nombres, que también habría de conocerlos después: Roy Román, Hany Trujillo. Los miré y pensé, por un segundo: yo no soy nada. Los artistas no son nada. Yo escribo para mí, yo no entrego mi vocación a nadie en especial, aunque mi producto finalmente sea consumido por alguien que no soy yo. Pero estas personas dedican cada segundo de sus vidas a trabajar para la salud de los demás. Benditos sean.

Casi sin poder respirar di mis primeros pasos. Les dije a ambos: “Muchas gracias. Ustedes son fenomenales”, y apoyado en mi doctora pequeñita eché a andar rumbo a mi cama en la sala 12 A. Cada paso una agonía.

Minutos más tarde, rabiando aún de miedo y de dolor, acostado bocabajo, debí sacarme la almohada de la cabeza y atender a la mujer que, nuevamente grácil, nuevamente oportuna, abría la palma de su mano y me extendía dos origamis en miniatura, acabados de hacer.

Lismary dijo que por portarme bien. Yo sonreí, sorprendido, agradecido: intuyendo que en ese par de formas me entregaba otras energías que quizás ni ella misma comprendiera aún. Para mis adentros tuve la clara sospecha de que esas figuritas endebles, de amarillo y rosado, origamis nacidos de una circunstancia tremenda, y al mismo tiempo, hermosa, se fijarían a mí en lo adelante como un conjuro de papel contra los duros tiempos por venir.

Anuncios
 
53 comentarios

Publicado por en diciembre 9, 2010 en 01 Julio, 06 Diciembre, 2010

 

53 Respuestas a “Conjuros de Papel

  1. Carlos A Caballero

    diciembre 9, 2010 at 3:35 pm

    Estimado Ernesto:

    Gracias por compartir con nosotros estos momentos dificiles para ti. Yo trabajo en un centro de radioterapia en Arizona. Soy el director de fisica medica del grupo. Aca tratamos algunos casos (dos o tres al anno) de Hodgkin’s Lymphoma con radioterapia. Son, por lo general, gente joven como tu. Lo menos que puedo decirte es que si necesitas algo y esta a mi alcance no dudes en contactamer (cabshm@msn.com es mi email address). Animo que la mente positiva es 50 % del tratamiento. Un abrazo y que mejores pronto.

     
  2. Jose Carlos

    diciembre 9, 2010 at 3:50 pm

    Aguanta Ernesto, no puedo imaginar lo que has sentido al pasar por esas pruebas que te han tocado, físicas y psicológicas; nunca he experimentado nada parecido. Pero sé que ha sido todo muy difícil para ti. Escribes bien, casi me sentía en esa camilla. Te envío todo el apoyo que ahora puedo darte: mi seguridad de que vas a salir adelante y vencer. Tú lo mereces y lo vas a conseguir.

     
  3. Nestor F.

    diciembre 9, 2010 at 4:01 pm

    Hermano,con tus palabras has logrado transportarme a esa pequeña habitación de hospital,que nunca son cálidas,siempre frías.Has descrito intimas sensaciones muy difíciles de explicar.Eres un maestro de las palabras,sobre todo de esas que provocan sentimientos nobles,deseos de seguir adelante,futuro y esperanza.Vas a salir adelante,vas a triunfar todas las adversidades y vas a llegar muy lejos,Ernesto.Eres uno de los imprescindibles.
    Por vez primera no estoy de acuerdo en algo contigo:aunque entiendo perfectamente lo que significa escribir para uno, tu vocación salva muchos espíritus y almas necesitadas como nunca de verdad y optimismo,y en ello pones tu corazón grande y generoso.Gracias hermano, por salvarnos.
    Sé fuerte,todo saldrá bien.Un abrazo gigante desde Quisqueya,te aprecio de forma inconmensurable.

     
  4. José Antonio Torrent Aróstegui

    diciembre 9, 2010 at 4:05 pm

    Eres un BRAVO. Siempre lo he sabido. Por eso Dios te ha recompensado conque todo no pasara de ser un pequeño sustico. Ahora, a ver si te dedicas al plan “A,” que esta cuestión vino a interrumpir. Pero, dale, por favor!TQM.

     
  5. Luis

    diciembre 9, 2010 at 4:05 pm

    Tremenda descripcion del procedimiento, nunca he pasado por eso, pero me lo puedo imaginar por procedimientos similares que si he tenido que pasar. Te deseo que pronto te recuperes, mucho animo. Slds

     
  6. JorgeCR

    diciembre 9, 2010 at 4:13 pm

    Un abrazo, Ernesto. Ya supe por un amigo común que no es lo que pensaban y que te tendremos con nosotros mucho tiempo. Felicidades.

     
  7. Odalis

    diciembre 9, 2010 at 4:30 pm

    Hola Ernesto, vivi contigo cada segundo de tu agonia, ese es tu talento, narrar para que el lector se sienta ahi dentro de la lectura. Estare orando por ti y por lo que te espera, fuerte muchacho, muchas bendiciones para ti tambien, eres muy importante para tus lectores, al igual que esos medicos lo fueron para ti.

     
  8. Benjamín

    diciembre 9, 2010 at 5:07 pm

    Me parece una descripción de un cuento o una novela. Una narrativa del miedo a lo desconocido, del dolor agudo y real y de las manos de un ángel que llega, para atenuar el sufrimiento. Simplemente excelente.
    Espero que te recuperes sin mayores problemas.

     
  9. oscar alvarado

    diciembre 9, 2010 at 6:15 pm

    !Que abusador tu eres chico ! todo el que lea esto terminara sufriendo . no lo pude terminar de leer , llegue hasta la foto … Pa´que mas si tengo escalofríos y empiezo a sentir dolor en la espalda ,,,, chaooooooooo.

     
  10. elpequenohermano

    diciembre 9, 2010 at 7:37 pm

    Amigos todos:

    Lo que acaban de leer lo escribí el viernes último, pocas horas después de este procedimiento agónico. Como en tantas otras cosas de mi vida, sólo mediante la escritura sentí que podía liberar un fragmento de lo que acababa de experimentar.

    Sobre todo, liberar el temor inmenso a lo que, luego de este y muchos otros procedimientos, vendría: el tratamiento de quimioterapia para mi linfoma.

    Sin embargo, demasiadas cosas extrañas, impresionantes, demoledoras han debido ocurrirme en los últimos tiempos. Esta vez, para bien: recibir la noticia de que todo no era más que una falsa alarma.

    Aunque sigo bajo estudio, no tengo un linfoma de Hodgkin como inicialmente se me diagnosticó. El equipo de especialistas del Hospital Ameijeiras me lo informó hace muy poco. Tengo algo que ellos denominan Hiperplasia Linfoide, pero que no posee contenido de malignidad.

    Mis agradecimientos más profundos para quienes oraron, quienes me llamaron, escribieron, y quienes pusieron su buena fe en función de mi salud. Seguir escribiendo cada vez con más rigor, creo que será mi mejor manera de pagar su atención.

    Afectos,
    Ernesto.

     
    • Luis Enrique

      diciembre 9, 2010 at 10:39 pm

      Mi hermano, me ha vuelto el alma al cuerpo!
      Desde que anunciaste tu problema me impresione y entristeci muchisimo, al punto de que no quise escribirte nada por no saber que decir. Miedo fue lo que senti, porque te aprecio mucho, pero te aseguro que toda mi energia positiva estuvo contigo en todo momento.
      Este relato ha sido magistral. Al igual que Nestor F, me senti transportado a esa habitacion del hospital. Creo que en mi vida he leido nada mas real y profundo.
      Se que esta noticia sera muy grata para todos aqui y te aseguro que nuestra admiracion carinno seran cada vez mayores.
      Suerte hermano, y lo mejor del mundo para ti y tu familia!!

       
    • espejomudo

      diciembre 10, 2010 at 2:16 pm

      Estimado Ernesto…

      Qué alegría saber estas últimas noticias. Seguro que alguno no lo creerá pero yo estoy segura que la Virgen ha tenido que ver mucho en todo esto… Fuimos muchos los que pedimos por ti.
      No he podido terminar de leerte… le tengo tanto miedo a los médicos y tu relato es tan realista que me supera
      En fin que estoy muy contenta por ti y te deseo una muy pronta recuperación. Saludos y mucho ánimo

       
    • Say

      diciembre 10, 2010 at 4:51 pm

      Uf! Joder, Ernesto! Yo que acabo de leerme todo y estaba aqui sufriendo junto contigo…. No sabes que alivio he sentido! Puf! Menos mal que no es grave. Pero tu como te sientes? Creo que es importante. Cuidate y espero que te recuperes pronto fisica y emocionalmente. Te sigo leyendo. Un abrazo.

       
    • Carlos A Caballero

      diciembre 10, 2010 at 5:09 pm

      Erneto:

      Me alegro sobremanera de que no sea lymphoma. Suerte en todo y sigue combatiendo con esa arma perfecta que posees: la pluma.

      Por otra parte, no pierdas el tiempo en contestarle a los inadaptados, perdedores, resentidos de izquierda que te responden de otros paises. Esos no acaban de entender que el problema no es que si o no seamos de izquierda. El problema es que no entienden que Fidel Castro es el cancer de la izquierda mundial. Ese jamas sera el camino al futuro y a la justicia social, es el camino mas parecido al fascismo que encontramos hoy en dia. A todos esos que contrapuntean y acusan, a ellos se les pide, de forma constante: por favor, vayanse a vivir a Cuba como un cubano de a pie! A ver quien aguanta un anno entero alla. Adelante, a vivir con el proletariado hambriento en la cola del pan.

       
  11. ManuelS

    diciembre 9, 2010 at 9:19 pm

    Un saludo Ernesto, espero que te mejores. Tus escritos son muy interesantes y se disfrutan mucho aunque este ultimo es algo relacionado con tu salud esta escrito de forma muy realista.
    ManuelS

     
  12. Lori

    diciembre 9, 2010 at 9:53 pm

    Ay Ernesto, he sufrido junto a tí con tu relato. Ojalá todo esté bien para tí muy pronto y como recompesa por estos infinitos momentos de dolor por los que has pasado que Dios te de la oportunidad de afinar aún más tu pluma y que un día esos jóvenes doctores que te trataron sientan el regocijo de haber tenido entre sus manos un Nobel.
    Un beso lindo y bueno.

    Ah, toma en cuenta la ayuda espontánea que te ofrece el primer comentarista de este post. Que Dios te bendiga.

    Lori

     
  13. Fernan

    diciembre 9, 2010 at 11:06 pm

    Ernesto, coño, a mi tambien me dolio, guapo y fajao todo el tiempo

     
  14. Miguel Angel

    diciembre 10, 2010 at 2:26 am

    Estimado Ernesto:

    Mi hermano, tengo fe que te sanaras de tu enfermedad y Cuba se sanara de la suya.

    Que Dios te bendiga. Recibe un fuerte abrazo desde las praderas de Nebraska donde vivimos alrededor de 3,000 cubanos exiliados.

     
  15. Lili

    diciembre 10, 2010 at 3:22 am

    Me alegro mucho por ti. Tambien por todos nosotros gue te podremos seguir leyendo sin dificultad. Cuidate!

     
  16. nuvesrojas

    diciembre 10, 2010 at 6:36 am

    Sigue ADENLANTE Hernesto!! La gente también te necesita.

     
  17. Miguel.

    diciembre 10, 2010 at 6:53 am

    Ánimo Ernesto, desde España. Te mando toda la fuerza, sigue en tu postura y convencimiento, y difúndela. No te vas a quedar solo. Estamos justo detrás deseando que tú y otros muchos como tú liberéis vuestro pueblo.

     
  18. hansel

    diciembre 10, 2010 at 8:03 am

    Hola Ernesto,

    Eres muy buen periodista,…y verdaderamente excepcional como escritor.Al igual que Oscar Alvarado no pude terminar de leer el post,en estos momentos tengo escalofríos.Uff!!!!
    Pero tú ahí,guapo y faja´o!!!
    Sigue peleando muchacho,muchos,muchos, desde Islandia hasta Nueva Zelanda(realmente fue sorprendente ver que desde esos lugares te leen) están contigo en estas horas,y todos sabemos que un día no muy lejano leeremos un post donde nos cuentes que estás curado,y ese día la vida de todos los que te apreciamos sin conocerte personalmente será mejor.Ese día cada cual contará a sus allegados que un desconocido amigo se impuso al desafío de su vida.
    Que sigan llegando a ti desde todas partes de este mundo los buenos deseos para que sanes cuanto antes.
    Un abrazo

     
  19. hansel

    diciembre 10, 2010 at 8:16 am

    Está claro que no pude terminar de leer el post y me lancé directo al comentario sin siquiera leer el comentario de Ernesto.Solo ahora,como el cuento de la jirafa,acabo de leer que fue una falsa alarma y si tienes Hiperplasia Linfoide nunca sería algo tan serio como el mal diagnóstico de Linfoma Hodgkin.
    Felicidades,imagino la tremenda descompresión después de saber que lo que tienes no es maligno.
    Compadre!!,dale suave con el bolígrafo!!,mira que me asustaste tanto que ni pude leer que era una falsa alarma!!
    Otro abrazo
    Atento y disciplinado con lo que te digan sobre la Hiperplasia

     
  20. Efrain lorenzo

    diciembre 10, 2010 at 8:48 am

    Hermano te deseo mucha salud y mucha suerte que tu la mereces.

     
  21. camagueyano

    diciembre 10, 2010 at 8:53 am

    Ernesto,
    Parecia que estuviera en esa camilla cuando lei tu historia, Te deseo mucha suerte y que Dios te traiga mucha salud y pronta recuperacion. Mucha fuerza. Nuestro pais nesecita jovenes como tu, Estamos derrumbando el muro ladrillo a ladrillo.

     
  22. fragglenessa

    diciembre 10, 2010 at 9:39 am

    Maravilloso escrito! No me permitió ni un segundo de distracción y me hizo casi sufrir todos los dolores contigo. El final, como siempre en cada uno de tus posts, me conmovió. Gracias por mantenernos al tanto, por compartir con nosotros tus peores sufrimientos. Mantente fuerte, sobre todo de mente y espíritu. Y mucha suerte para tí.

     
  23. Paco

    diciembre 10, 2010 at 10:02 am

    Gracias Ernesto por hacernos participe de tu dolor. En hora buena de que todo fue una falsa alarma en cuanto al diagnostico inicial, no obstante a eso sigue el tratamiento indicado que aunque no sea maligno debe tener cuidado, pues al haber un crecimiento desordenado de las celulas, hay algo del mecanismo celular que esta fallando.

     
  24. panchito

    diciembre 10, 2010 at 10:31 am

    Hola Ernesto, compadre eso no se le hace a los socios. mientras leia tu relato un colega de trabajo entro a mi oficina y me pregunto sorprendido si me dolia algo. y es que sin darme cuenta estaba dando retorcijones en mi silla y te juro que estaba loco por llegar al final. pero lo que mas me ha gustado es que ha sido una falsa alarma. que bueno, me alegro como si te conociera de toda la vida.
    queria comentarte algo de tu relato. donde dices ”….Los miré y pensé, por un segundo: yo no soy nada….”.
    este año mi esposa se sometio a una operacion bastante extensa de colon. y estuve bastante tiempo conversando con su cirujana. una senora de 50 años, que mide 155 cm cuando mas, diminuta, manos bien pequenas, pudiese pasar desapercibida en cualquier lugar. y cada vez que le hablo pienso exactamente lo mismo que tu. no soy nadie. que impacto puede tener lo que yo hago comparado con lo que hace esta senora a diario? ella salva al menos una vida por dia. eso que ella hace no se paga con nada. dios bendiga a los medicos.
    no obstante, creo que tu labor es bien digna. y la haces bien. un gran abrazo.

     
  25. Havanero en NY

    diciembre 10, 2010 at 10:35 am

    Oye, mi hermano, pocas veces he leído algo tan angustiante; confieso que terminé con los ojos aguados porque el tema del sufrimiento de un ser querido en el tratamiento que recibe por un mal crónico es algo que me toca de muy cerca.

    Por otra parte es una alegría tremenda saber que el linfoma no era tal. Felicidades, suerte y pa´lante.

     
  26. aaron

    diciembre 10, 2010 at 10:36 am

    Me tomo el post como un exorcismo porque de verdad que me has torturado. Y bueno, yo de morboso que lo lei 🙂

    Me alegro mucho de que el problema sea menos grave. Animo!

     
  27. jorge

    diciembre 10, 2010 at 12:06 pm

    GRACIAS A DIOS MIJO,VES QUE ERES NUESTRO GRAN HERMANO?NO TE IMAGINAS QUE ALEGRIA SIENTO SE SABER LA NOTICIA ,COÑO ME DOLIO CON CO… LA PRUEBA QUE TE HICIERON ME LA SENTI EN LO MAS HONDO DE MIS HUESOS PERO AL FINAL,UN FINAL FELIZ,ESTARAS PARA SIEMPRE CON NOSTROS HERMANOS,AYER SALIO TU CASO EN MARIA ELVIRA POR MEGA TV,QUE NO TE IMAGINAS QUE ALEGRIA ME DIO VER QUE MARIA ELVIRA LLEVARA TU NOMBRE QUE LA GENTE POR TELEVISION EN ESTADOS UNIDOS ,PUERTO RICO SEPAN DE TU LUCHA,Y SEPAN LO QUE ES CAPAZ DE HACER LA SEGURIDAD DEL ESTADO,VES MI PEQUEÑO HERMANO YA APARECIO UNA LUZ EN TU CAMINO,GRACIAS A DIOS Y A ESA VIRGEN QUE QUISO ESTUBIERAS SANO UN ABRAZO MI HERMANO TE QUEREMOS

     
  28. Patricia

    diciembre 10, 2010 at 1:59 pm

    ¡qué bueno Ernesto!, así que falsa alarma puede volver mi alma al cuerpo.
    Te deseo todo bien y que sigas deleitando con tus relatos.
    El de este día es increíble, parecía transportada allí.
    Un beso pequeño hermano.

     
  29. Sin Nombre

    diciembre 10, 2010 at 3:46 pm

    Ernesto, por segunda vez comento en este blog tuyo. La primera vez vez fue en uno de tus posts iniciales, para opinar sobre la importancia que tiene para mí que exista gente con el nombre bien puesto, gente como tú.
    Siempre te leo, hace tiempo que considero que tu blog es probablemente el mejor escrito desde Cuba en este momento. Y como tal, se lo he recomendado a muchos amigos, que opinan lo mismo.
    Eres buenísimo periodista, y mejor persona, una de las pocas personas honestas en Cuba, capaces de atreverse a revelar los desmanes que padecen los cubanos de a pie, bajo los cascos sucios de la Yunta de Birán.
    Bueno, esta segunda vez te escribo para contradecir eso de que tú sólo escribes para ti, aparecido en este post.
    Tienes un mérito muchísimo menos modesto que ese. Tú, como decía Neruda al oponerse a las bestias que lo acosaron a él, muestras la fealdad de ese monstruo que ha convertido a Cuba en el país que es hoy, un país donde, ayer mismo, en la víspera del día de los derechos humanos, una turba de hombres sin madre, y sin cojones, le han caído arriba a unas mujeres. ¿Bajo qué pretexto moral se justificarán esos genízaros para meterse con mujeres? ¿Qué pasó con la hombría en Cuba?
    Yo habría perdido hace rato la fé en los hombres de la isla, si no existieran hombres como tú.
    Te necesitamos, Ernesto. Por favor cuídate, que es muy fácil alentarte desde aquí afuera y no ir a poner el pellejo en riesgo como haces tú.
    Cuídate, porque le haces mucha falta a tu país.
    Me alegro de que las nuevas noticias sobre tu diagnóstico sean más benignas que lo que temíamos.
    Rara vez lloro, y hoy lloré cuando me enteré de que no tienes esa cosa que mencionaste hace unos días.
    Que Dios te bendiga a ti, a tu familia. Dale un beso a tu madre de parte de un cubano de afuera. Dile que tremendo valiente cojonudo parió.
    Un abrazo

     
  30. Alejandro

    diciembre 10, 2010 at 7:19 pm

    Ernesto:
    Te sigo desde que comenzastes con El Pequeño Hermano, pues me maravilla tu forma de escribir, tu redaccion tan clara y tu ortografia, tan poco usual entre los de tu generacion en Cuba e incluso en generaciones anteriores a la tuya. Tus largos post se leen con mucha fluidez y con agrado.
    El otro dia al leer el post de la despedida de la virgen en Bayamo, (de la cual mi mujer y yo somos devotos, pues mis padres me enjendraron en Bayamo, naci en Santiago, me bautizaron en el Santuario del Cobre y toda mi infancia la pase junto a la parroquia de la virgen de la Caridad en Matanzas),cuando llegue al final y lei la noticia de que estabas en el hospital por causa de un Hodgkin, se me cayo el alma a los pies y lo comente con mi esposa, pues su padre murio en 1974 de esa enfermedad detectada muy tarde, y le pedimos a la virgen que te ayudara; y hoy despues de leer el espeluznante y a la vez humano relato de las dolorosas pruebas que te hicieron, al leer los comentarios, nos alegramos muchisimo de que el diagmostico previo estuviera errado y que fuera solo un susto. La virgen escucho nuestras plegarias. Ahora tienes que cuidarte mucho y seguir los tratamientos al pie de la letra.
    No hay duda que en Cuba todavia hay unos grandes profesionales de la medicina desde y antes que Finlay. Y cuando yo le comento a mis compañeros de trabajo, que yo de niño a mediado de los 50, vi por television en Cuba la transmision de una operacion a corazon abierto en directo desde el quirofano, se quedan asombrados, pues en esa epoca ni television habia en España, y ellos se creian que los logros de la medicina en Cuba son gracias y posteriores a la revolucion.
    Hermano te desamos mucha salud, que personas como tu hacen mucha falta en Cubita la Bella. Que la Patrona de Cuba te siga protegiendo.
    PD, perdona la falta de tildes, pero tengo problemas con el ordenador.

     
  31. Jose Antonio Soto, MD

    diciembre 10, 2010 at 7:25 pm

    Querido Ernesto:

    Ayer vi el programa de Maria Elvira Live. Te reconoci de inmediato, no por el dildo combatiente que te colgaron, ni por las unas pintadas de pixeles ujotacenarios, ni por el pullover bolivariano haciendoete lucir un Che gay, irredimible y desafiante. Te reconoci simplemente por tu mirada simple y tu Cuba con una letra mal puesta, una Cuba con la la A patas arribas. Quedastes muy bien, incluso con las unas rojas chavezcas, que pena que no se atrevan a exhibir esto en la Plaza, en un concierto del rock de Juanes o de los aburridos seriales (en lugar de cereales) de los “heroicos” infiltrados. Pero te reconoci, que es lo importante y me dio temor por ti, que no te conozco en persona, y por las chicas que nunca consultaron para ponerlas en publico, y por la honda palabra que te envuelve y por los pocos, pero galdiadores versos que lanzas a la arena del intercambio artistico alque no te dan paso,y al mundo web al que tamizan como los ananlisis del policlinico esteril. Te reconoci y ellos te estan haciendo famoso, ni el aguijon (mambi?)te causan mella en esta era ciberal y tu sitio ahora se replica por desacato, y los tenues a correr a los pixeles y a cagar megabytes ante el miedo a los jefes.
    Un abrazo y nos vemos en Carnaval City…”Habana 20/20″

     
  32. Manozeta

    diciembre 10, 2010 at 8:05 pm

    Ernesto, no sé como describir lo que he sentido al leer la forma en que describes lo que viviste ante un procedimiento médico que aunque se haga con las mejores intensiones tiene un significado para el paciente que nosotros los médicos con frecuencia no alcanzamos a dimensionar.
    Te juro que me has conmovido pues tienes una capacidad de transmitir al lector tus vivencias que es impresionante.
    Qué bueno que sea solo una Hiperplasia Linfoide el problema pero igual no olvides que te deberán mantener en observación por un tiempo.
    Sigue escribiendo para continuar disfrutando la lectura de tu prosa.
    Un abrazo

     
  33. Julio C

    diciembre 10, 2010 at 9:32 pm

    Alguien atestiguara que supe y dije: Na… ahi no hay na! El no tiene nada. Y me alegro de no haberme equivocado.
    Gracias por compartir Ernesto.
    Por otro lado, te dire que he leido casi todo lo bueno que se ha hecho en el mundo (aunque he estado un poco vago ultimamente) y lo que mas me gusta de tu prosa es la sinceridad y el profesionalismo. Cuanta falta hace de este lado del planeta tan solo un poquito!

     
  34. Isabella

    diciembre 11, 2010 at 3:59 am

    Ernesto, hermano, ¡qué alegría saber que no es nada tan grave como originalmente sospechaban!

    Como a todos, me has hecho sufrir con este relato magistral.

    Sé muy bien de qué hablas. Una vez, cuando tenía sólo 5 añitos, me hicieron una punción en el esternón. Fue en las Católicas del Cerro.

    Mi recuerdo no es tan nítido como el tuyo. Sólo de ver aquella aguja siniestra viniendo hacia mí y de sentir la presión que ejercían las numerosas manos que me sujetaban a la camilla, comencé a gritar y a llorar con desesperación de puro instinto.

    De repente, todo se me nubló. Por suerte para mí, me había desmayado.

    Figúrate, me habían dicho que era “sólo un pinchacito”. ¡Y así no se vale! A los niños no se les engaña.

    Me hiciste revivir todo ese horror con tu texto. ¡Qué sufrimiento!

    Espero te sirva de aliciente: ¡a mi también me dio todo negativo y de eso hace más de 30 años!

    Te deseo una pronta recuperación. Gracias por regalarnos tus magníficos textos.

    PS: Y sí, claro que hay dolores así. El adjetivo “dulzón” es apropiadísimo.

     
  35. josepcalvet

    diciembre 11, 2010 at 7:38 am

    Naturalmente lo mejor del texto es que se haya descartado lo peor. Me alegro de verdad.
    Además el texto es sencillamente bueno, muy bueno.
    Recibe mi afecto.

     
  36. jhon noarms

    diciembre 12, 2010 at 9:40 am

    bueno es la bipolaridad d esa gente,a la vez d q son capaces d hacwer una campana sucia en contra d este joven valor del periodismo,la dan una atencion de primera en u hospital,no se entiende,hasta cuando

     
    • josepcalvet

      diciembre 13, 2010 at 8:44 am

      Señor jhon noarms
      Esté seguro de que no son la misma gente. Los de bata blanca son los mismos que los 1200 cubanos y cubanas que están en Haití en el mayor equipo médico desplazado a ese país.
      Los otros ni usted ni yo sabemos quienes son. Alguien sí debe saber quién montó la chapuza.

       
    • Susana

      diciembre 13, 2010 at 11:58 am

      Bueno, no se puede mezclar todo, por favor!!! Cuando hablas de “esta gente”, a quién te refieres??? Los médicos cubanos tienen doble mérito, porque están salvando vidas a pesar de la miseria que les paga el desgobierno, a pesar de ser esclavos exportables y moneda de cambio en el comercio internacional, y a pesar de que la bella imagen de la revolución cubana se ha construido a costa de ellos. Y encima de eso, de vez en cuando les restriegan por la cara que han estudiado medicina “gracias a la revolución”, como si eso pudiera justificar una vida entera de esclavitud. Pero la vocación y la humanidad de los médicos cubanos es más fuerte que todas las dictaduras. Yo diría más bien que han estudiado medicina A PESAR DE la revolución.

      Ernesto, por suerte leí el post cuando ya habías dado la noticia de la falsa alarma. Empecé por el final y tanto mejor! Qué Dios te bendiga !!!

       
  37. guapi54

    diciembre 12, 2010 at 10:13 am

    Todo ese dolor que pasaste en esos examenes valio la pena porque ya sabemos que no es cancer lo que tienes y lo demas se cura, eres joven y fuerte asi que en unos dias todo pasara.
    Ahora depende de ti si cumples con tus deseos y todos tus planes, nos quedan pocos dias asi que decidase corazon y apurese que la guagua esta al pasar y me lo va a dejar.
    Dios y la Virgen son grande y te han dado otro chance no lo tires a la basura, ya paso lo peor asi que a abrir nuevas puertas y seguir adelante.
    TQM chino

     
  38. Mario Jacas

    diciembre 12, 2010 at 12:56 pm

    El dia que Jose Torrent me comento que Ernesto tenia Linfoma de Hopking me senti muy mal, tanto que cuando llegue a casa, mi esposa me pregunto porque estaba tan triste.

    Hay personas que se ganan el aprecio de otras con su entrega y talento al servicio de los demas, con su palabra incondicional a la razon, yo no conozco personalmente a Ernesto ni a su novia Angelica, pero a travez de estos ultimos meses de seguimiento al blog y en contacto con ella por facebook, donde a veces hemos chatedo por mas de 2 horas, he comprobado la calidad humana de ellos, de ahi el profundo aprecio por ellos y el dolor que me causo tan triste noticia, pense rapidamente en mis hijos y cuanto dolor causaria esto a sus padres.

    El pasado martes despues de almuerzo vi un comentario de Ezequiel el hermano de Ernesto que decia “GOOOOOOOOOD NEWWWWWWWWWWWSSSSSSSSSSSSS”, llame a este ultimo y supe del error en el diagnostico, algo que me puso muy alegre por el resultado, pero muy triste por lo sucedido, lo que me puso a pensar si esto fue intencional o un error fortuito, al final lo importante es el disagnostico, prifiero pensar fue un “pequeño error” yo confio mucho en los medicos cubanos.

    Espero que to tengas que volver a pasar por una vivencia como esta que narras en este post, y como dicen torrent, oye chico acelera el plan “A”

    Saludos

     
  39. El vicepresidente

    diciembre 12, 2010 at 3:34 pm

    Ernesto,debo admitir que me apendeje leyendo tu articulo,pero al mismo tiempo di un salto de alegria cuando nos dijiste que no es lo que temiamos todos.Que bueno,compadre,me has hecho sentir una alegria indescriptible!
    No se si recordaras un comentario mio en que te decia que sentirias una energia yendo hacia ti procedente de todos nosotros.Pues ha sido tan fuerte que no tendras forma de olvidar estos momentos amargos por los que hemos pasado todos desde que la infausta noticia de un linfoma posible sobrevolaba tu vida para amargura nuestra.
    Co~o,estoy feliz por ti mi hermano!
    Saludos desde la bella New Orleans.

     
  40. jorge alejandro

    diciembre 12, 2010 at 11:00 pm

    Qué bueno saber que tenemos pequeño hermano para rato. Un fuerte abrazo y mucha salud para ti. Que la Navidad y el nuevo año te traigan muchas cosas buenas a ti y a tu familia. Te queremos, hermano

     
  41. Roberto

    diciembre 13, 2010 at 6:55 am

    Ánimo hermano, arriba esas ganas de vivir!!! Tienes que sobreponerte, por ti y por nosotros, te necesitamos, muchacho, no nos defraudes!!!!
    Un abrazo desde España.

     
  42. yanet

    diciembre 13, 2010 at 8:15 am

    Ernesto:
    este fin de semana me reuni en casa con unos bayameses, hablamos de muchas cosas, de Cuba, de Venezuela… afloraron las decepciones, las inconformidades, las esperanzas… las posiciones divergentes y las coincidentes.
    entre las coincidencias había al menos dos importantes: escribes muy bien, y lo que dices es una verdad no solo tuya sino de muchos.
    por ser vocero de esa verdad, te admiro y recibo con eomoción sin igual tu vivencia dificil y su resultado aliviador, esperanzador.
    sigue cuidándote, por ti y por todos los que compartimos tu verdad.
    son muchos, pero muchos más de lo que puedes imaginar.

     
  43. Pedro

    diciembre 13, 2010 at 9:10 am

    Hermano en mi vida adulta he llorado pocas veces, creo que cuatro, cuando la muerte de mis abuelos, la separacion de mi hijo y ahora leyendo tu relato. Animo, tienes una mision en la vida mucho mas grande, mas heroica, te vas a recuperar y te reiras de todos estos momentos. Fe que todo se resolvera.

     
  44. Gabriel

    diciembre 14, 2010 at 7:04 pm

    Querido Ernesto,

    No sabes la alegría que acabo de tener sabiendo que todo fue una terrible y falsa alarma. Aunque, naturalmente seguro que tú estás muchísimo más contento.

    Eres un joven con mucho talento … y mucho valor. Pero lo más interesante es que todo ese talento y ese valor lo estás usando dentro de Cuba por tu nación.

    Por favor, no pares.

     
  45. Luz

    diciembre 14, 2010 at 9:55 pm

    Que Dios te bendiga Ernesto:

    Hemos orado mucho por ti y gracias a ÉL y a tu gran valor ya sabemos que te recuperarás pronto.
    Yo pasé, hace unos años, similar experiencia-es que coinciden muchas cosas en nuestras vidas-,también a mi me diagnosticaron un linfoma, por demás inoperable, pero me arriesgué y al final salí en victoria. Somos de la misma estirpe que no se rinde de los que ‘corren al combate’y ‘viven’ para contar sus experiencias.
    Sigue escribiendo con esa energía, belleza y poder descritivo y analítico que tan bien sabes utilizar.
    Te admiro y exhorto a no desfallecer, tienes un futuro por delante, no permitas que nadie más que Dios o tú lo puedan alterar.
    Que la vida te sonria.

    L.

     
  46. ELMERPILOT

    diciembre 21, 2010 at 2:14 pm

    HOLA ERNESTO, SENTI TU DOLOR COMO MIO, GRACIAS A DIOS QUE FUE UNA FALSA ALARMA, ADELANTE, CONTINUA, TE LEEMOS Y TE APOYAMOS MUCHO. SALUDOS DESDE MIAMI.
    PD:NI TE MOLESTES EN RESPONDER A ESOS QUE DANO TE QUIEREN HACER CON SUS COMENTARIOS Y ACCIONES, SON PATADAS DE AHOGADOS, EL FIN ESTA CERCA Y LO SABEN, ESTAN RODEADOS Y CADA VEZ SON MENOS. ANIMO Y QUE DIOS TE BENDIGA.

     
  47. canadian

    diciembre 24, 2010 at 12:14 am

    Con todos estos comentarios que te han dejando el mio seria una repeticion. Una narracion excelente..que como te dijeron antes, no es para hacerselo a los amigos. Sencillamente genial. Y feliz, porque aunque este leyendo todo junto en un solo dia, he vivido todas las emociones una detras de la otra en un corto periodo de tiempo…hasta que ahora descubro que te tendremos para rato hermano. Hace falta gente como tu, gracias por tus letras. Saludos desde Toronto

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: