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El Nobel Nuestro de Tantos Días

09 Oct

Con sobrado merecimiento algunos amigos nos hemos llamado desde el jueves último, y nos hemos felicitado. Algunos brindamos en la distancia, otros estrechamos las manos. Amigos de diferentes épocas y generaciones: compañeros de clase de mis tiempos universitarios; conocidos de calle con los cuales he cruzado ideas literarias alguna vez.

Y subrayo merecimiento, porque felicitarnos por el Premio Nobel que la Academia Sueca acaba de otorgarle a Mario Vargas Llosa, es un acto de justicia para con nosotros mismos: demasiada energía positiva en función suya, demasiadas horas dedicadas a sus novelas, demasiada saliva invertida en polémicas rabiosas en torno a su ideario político, como para no asumir que este galardón nos premia un poco también a nosotros, sus lectores.

En lo personal, no titubeo en lanzar una afirmación categórica: nada ha influido y determinado más mi pensamiento, mi cosmovisión de la literatura y los fenómenos artísticos; nadie dinamitó más mi cerebro adolescente con toda clase de ideas libertarias, antitotalitarias y cosmopolitas, que este peruano español que hoy, por obra y gracia de un premio escurridizo, es el escritor más famoso del mundo.

Algunos habíamos perdido ya la esperanza. El Nobel parecía una conflagración en su contra cuando ya desde la década de los ´80, tras publicar aquella novela increíble y demencial que es La Guerra del Fin del Mundo, Mario parecía predestinado a colgarlo en su vitrina.

Me desalentaba pensar en los casos excelsos, bochornosos para el comité de Estocolmo, que al parecer jamás se leyó a Cortázar, a Carpentier o a Borges, ni a Kafka ni a Joyce. Y me irritaba más aún comprobar que cada año el Nobel de Literatura recaía en una figura más exótica e impensable dentro del rico panorama literario mundial. Los catedráticos suecos parecían extender un mapamundi sobre un ancho escritorio, apuntar las regiones que ya acumulaban sus premios, y elegir al azar un escritor de un país no agraciado.

El Premio Nobel parecía, más bien, un premio novel: condecoraba a escritores intrascendentes que a partir de entonces, lógicamente, recibían el status de consagrados. (El más desconcertante caso de los últimos tiempos, sin dudas, fue el del 2004: la austriaca Elfriede Jelinek, autora de noveletas de amor para viajeros adormecidos, que pareció revivir con su asombro la expresión del dramaturgo estadounidense John Steinbeck, premiado en 1962, cuando dijo que ni él mismo se lo habría dado).

Y entonces, cuando menos probable parecía, levantan un teléfono a las 5 y 30 de la mañana en New York, y en un español chamuscado le comunican al escritor que prepara una conferencia para sus alumnos de Princeton, que dentro de 14 minutos se diría al mundo su nombre como merecedor del Premio Nobel de Literatura 2010.

¿Qué hacía Vargas Llosa en ese preciso segundo? El rejuego de ironías que a veces construye Dios, o el destino, o el karma, es de un refinamiento sorprendente: en el instante en que su esposa Patricia le extendió el teléfono, Vargas Llosa preparaba una conferencia sobre Jorge Luis Borges, y releía por enésima ocasión la novela El Reino de este Mundo, del cubano Alejo Carpentier. Dos autores de los más citados cuando de mostrar grandes desaciertos de la Academia se trata.

A mi vez, ¿qué hacía yo en el instante de conocer que mi paradigma literario acababa de inscribir su nombre entre los no olvidados por el Nobel? Dormía a pierna suelta en una mañana semi londinense de mi Bayamo tropical, resguardado de la lluvia y del cielo encapotado, cuando un primer telefonazo a las siete treinta de la mañana me obligó a salir de la modorra, y a asimilar la sencilla oración con que un amigo exaltado me daba los buenos días:

– Le dieron el Nobel a Vargas Llosa.

Después, cinco llamadas más, con intervalos de pocos minutos entre sí, confirmarían que no se trataba de una broma de pésimo gusto o una dolorosa equivocación.

Porque digamos: sólo quienes son capaces de amar la literatura con una pasión enfermiza; sólo quienes entienden lo que es permanecer toda una madrugada en vilo, con una novela estresante entre las manos, y llegar a sentir angustia por no poder comentar a esa hora con nadie lo fascinante de lo que se acaba de leer, son capaces de entender el poderoso vínculo que se establece entre un autor y su lector más fiel.

Hay casos dignos de contar. Uno es el de la lectora que García Márquez encontró en la helada Moscú, copiando a mano, en hojas amarillentas, una traducción al ruso de su Cien Años de Soledad, porque no tenía dinero para comprar aquella obra maestra y quería tenerla en su casa. Otro, el que contaba Julio Cortázar: el de una joven que, la noche que decidió suicidarse, comenzó la lectura de su novela Rayuela. Por alguna razón aquella desesperada muchacha quería terminar su vida a una hora específica de la madrugada, y para esperar, comenzó a hojear el libro del argentino. Pues en una carta posterior, aquella potencial suicida le agradecía a Cortázar haberle salvado la vida: su novela consiguió desentenderla de la depresión, y la hora señalada para el fin llegó sin que ella pudiera desprenderse de la lectura.

En cuanto a mí, creo que leer a Vargas Llosa es de las mejores cosas que ha podido pasarme en la vida, aunque no haya tenido que copiarlo a mano (pero sí robarlo con miles de artificios de contrabando), ni me haya librado jamás de un intento suicida.

El primer libro que leí con su firma, hoy lo menciono con cariño por tratarse de una novela menor: La Tía Julia y el Escribidor. Después vendría mi carrera maratónica hasta leerme todas sus novelas: desempolvando catacumbas de librerías para acceder a algún texto suyo, y practicando una especie de prostitución literaria que me llevó a seducir, durante mis años en la Universidad, a una joven bibliotecaria sólo porque esta me dejara llevar a casa los libros de Vargas Llosa, que no eran de préstamo externo.

El último que leí –regalo de alguien que me quiere lo suficiente para saber que no solo de pan y remesas vive el hombre, yo menos aún, y desde los Estados Unidos cargó con él rumbo a Cuba- se titula Diccionario del Amante de América Latina, y recoge un número inmenso de sus artículos  sobre los temas que rondan a nuestro continente.

Creo que quienes ridículamente argumentan en su contra un presunto anti-latinoamericanismo, deberían repasar esa compilación de más de 400 páginas donde un intelectual comprometido hasta el tuétano con su continente, se dedica a escribir sobre sus deportistas, ciudades, hábitos culinarios, dictaduras, hombres comunes y, desde luego, su historia literaria. Pocos autores conozco más raigalmente atados a sus orígenes, que este peruano nacionalizado español.

También para los vociferantes que han personificado en Mario Vargas Llosa el eje del mal anti nacionalista, cabe preguntarles si existe mayor prueba de compromiso con los destinos de su Patria, que postularse para Presidente como él hiciera en el año 2000. Nuevamente la ironía histórica en torno al novelista: perdió aquellas elecciones frente al que habría de ser, luego, el peor dictador del Perú más reciente: Alberto Fujimori.

Hoy, Fujimori está tras las rejas por delitos de lesa humanidad, y Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura.

Como escribí alguna vez en un ensayo sobre sus ideas políticas, leer a Vargas Llosa en mi Cuba de los parámetros y los imposibles, se parece tanto a un ejercicio de subversión, que rastrear toda su obra tiene un cariz decididamente seductor. Si en alguna parte Milan Kundera decía que un solo libro prohibido bajo un régimen totalitario tiene más fuerza y encanto que todas las bibliotecas juntas de un país libre, creo que no hay literatura contemporánea más fascinante para los lectores cubanos que la de Mario Vargas Llosa.

Pero no hablo solo de sus novelas. En esta obra monumental incluyo también su producción periodística-ensayística, exagerada de tan varia, increíblemente universal, que confirma a pie juntillas lo que es este hombre en verdad: un escritor esclavizado. Un enfermo de la palabra que a los setenta y cuatro escribe como si en ello le fuera la vida.

¿En qué tema de interés social, literario, político, biográfico, publicitario, no ha metido las narices este escritor ex candidato presidencial? En muy pocos. Su obra es un Aleph de temáticas. Me atrevería a afirmar que allí donde Vargas Llosa no ha husmeado con sus visiones particulares y su verbo encendido, donde no ha opinado con distinción o con insolencia, allí donde no ha generado un artículo brillante, una crónica personal, un análisis lingüístico o una polémica declaración; donde no ha levantado ronchas, escaras venenosas de un odio emblemático, en ese punto exacto, no creo que exista algo para mirar.

En cierta ocasión, tuve el privilegio de entrevistar a alguien que le conoce demasiado bien: el cineasta peruano Francisco Lombardi, que ha llevado con notable éxito dos de sus más conocidas novelas a la pantalla grande: Pantaleón y las Visitadoras, y La Ciudad y los Perros.

Preguntarle por Vargas Llosa fue de una obligatoriedad casi moral. Sus palabras para definir al escritor fueron lapidarias: “A él puedes adorarlo o puedes detestarlo por igual, lo que sí no puedes es negarle la admiración, o al menos el respeto que merece quien defiende aquello en lo que cree, sea cual sea su doctrina, y que lo hace sabiendo que puede pagar por ello un precio bien caro.”

Mario ha pagado un precio caro por ser consecuente, ante todo, consigo mismo. Jamás le perdonaron que tras apoyar a la Revolución Cubana, en sus albores, luego se desprendiera del barco triunfante y se volviera su eterno fustigador. Ha sido satanizado por la izquierda ortodoxa, que no le perdona ser hoy un paladín del pensamiento liberal.

Un periodista del diario Granma que no vale la pena siquiera mencionar, publicó ayer la noticia de su Nobel, apuntando que merecía un Antinobel de la ética. Sabemos de qué se trata: el pobre jornalista, una pluma esclava, no podía confesar que también él leía con devoción sus novelas, so pena de quedar “disponible” ahora que las plazas laborales, en Cuba, son un privilegio a conservar.

Confirmo con mi propio caso lo que alguna vez le escuché decir a un notable escritor: lo mejor que podemos señalarle al Premio Nobel es que pone de moda a un autor cada año. Con satisfacción de coleccionista he elegido, esta vez, Conversación en la Catedral, y he empezado a releerla con la misma devoción con que hace cinco años la cerré en su página final.

No se me ocurre mejor manera de homenajear a este hombre, orgullo mío como lector, y como latinoamericano, que dedicarle otras cuantas horas de mi vida a la novela que más años le llevó terminar. Y sentir que entre todos los millones de lectores que agradecemos su dedicación a la palabra, gravita desde el pasado jueves la incomparable felicidad de una inmensa deuda saldada.

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20 comentarios

Publicado por en octubre 9, 2010 en 04 Octubre, 2010

 

20 Respuestas a “El Nobel Nuestro de Tantos Días

  1. Mario Jacas

    octubre 9, 2010 at 4:21 am

    Mi mundo esta entre el 0 y el 9, diria yo entre el 0000 y el 1111, vivo y pienso en binario, leo algunos libros y leo muchos blogs comments y demas, ahora voy a leer Conversacion en la Catedral.

    Ernesto nunca he sido un apasionado de las letras, pero leer me gusta cuando lo que leo esta escrito con gusto.

    Sigue asi hermano, dios esta contigo, lo demas no importa

     
    • Aguaya

      octubre 9, 2010 at 5:07 am

      Pongo comillas parciales al comentario de Mario Jacas: vivo igual rodeada de 0’s y 1’s, con una profesión que los creó ella misma, y con muchísimo gusto leo y comparto cuanto escribe Ernesto.
      Saludos desde Berlín!

       
  2. Gabriel

    octubre 9, 2010 at 5:07 am

    Tengo una pregunta para los cubanos:

    ¿Hasta que punto están proscritas las obras de Vargas Llosa en Cuba?

    Tengo entendido que no están exactamente prohibidas, sino que simplemente no son accesibles a la venta en las librerías.

    Vargas Llosa rompió sonoramente con la revolución cubana con motivo del caso Padilla. Después de la autoinculpación de Padilla, un numeroso grupo de intelectuales destacados, incluyendo a Vargas Llosa, publicaron una carta abierta muy dura, donde se incluían las palabras:

    “Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido por medio de métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias. El contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado en la UNEAC, en el cual el propio Padilla y los compañeros Belkis Cuza, Díaz Martínez, César López y Pablo Armando Fernández se sometieron a una penosa mascarada de autocrítica, recuerda los momentos más sórdidos de la época stalinista, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas.[…]

    El desprecio a la dignidad humana que supone forzar a un hombre a acusarse ridículamente de las peores traiciones y vilezas no nos alarma por tratarse de un escritor, sino porque cualquier compañero cubano —campesino, obrero, técnico o intelectual— pueda ser también víctima de una violencia y una humillación parecida. Quisiéramos que la Revolución Cubana volviera a ser lo que en un momento nos hizo considerarla un modelo dentro del socialismo.”

     
    • elpequenohermano

      octubre 9, 2010 at 3:20 pm

      Gabriel,

      Realmente el asunto de la prohibición en Cuba ha variado, se ha flexibilizado. No solo con los escritores, sino también con los músicos y demás artistas.

      En la actualidad, no es que esté “prohibido” Mario Vargas Llosa, o sea, que te busques problemas con la ley por andar con un libro de él encima. (Si así fuera, yo tuviera más años de prisión que Mandela, jajaja). Pero hasta no hace mucho, sí era así.

      Conozco a un periodista y amigo, lector de este blog por cierto, que fue expulsado del medio de prensa anterior donde trabajaba, en los ´90, entre otras cosas por leer textos de Vargas Llosa. Y lo mismo sucedió con un editor del Centro Provincial del Libro en Granma, al cual le “encontraron” artículos de Vargas Llosa en su PC: a la calle.

      Eso ha cambiado un poco ya. Como mismo ya no detienen a nadie por poner a Willy Chirino o Los Aldeanos en su casa, a todo lo que da.

      Pero de todas formas, andar con un libro de Vargas Llosa encima sigue teniendo el encanto de lo mal mirado, ¿entiendes? Y desde luego: no se puede encontrar en ninguna librería de Cuba. En este país sólo hay publicado suyo el relato “Los Cachorros”, aparecido antes de la ruptura que mencionas a raíz del “caso Padilla” en el ´71.

       
      • Gabriel

        octubre 11, 2010 at 11:39 am

        Hola Ernesto,

        Voy a contarte un dato que indica que la censura sigue muy viva en Cuba.

        Hace unos meses le mandé cuatro libros a Yoani. Naturalmente no lo hice por correo sino a través de personas que iban de viaje a Cuba. En realidad esos libros se los mandé a un cubano muy conocido que vive en España y cuyo nombre no desvelaré. Esa persona se los pasó a otras personas que iban de viaje a Cuba.

        El caso es que uno de los libros fue interceptado en la aduana. Posiblemente se trata del libro “La Caída del Muro de Berlín,” que relata de forma muy amena el fin del Comunismo en Europa del Este. En ese libro se me ocurrió poner una dedicatoria que decía algo así como “para que os sirva de inspiración en vuestra lucha por una Cuba donde quepan cubanos de todas las opiniones.”

        En cuanto los oficiales de aduana vieron la dedicatoria, detuvieron al transportista de libros y le sometieron a un interrogatorio durísimo. El pobre hombre solo pudo decir que no sabía nada y que sólo se trataba de un encargo de un amigo, lo cual era absolutamente cierto.

        Le liberaron después de confiscarle el libro. Más tarde me hicieron saber que estaba muy enfadado conmigo y que jamás se volvería a prestar para esos encargos.

        Naturalmente tengo muchas ganas de seguir mandando libros “prohibidos” a Cuba, pero no volveré a poner jamás una dedicatoria. Sin embargo tengo un problema. No soy capaz de encontrar “transportistas” dispuestos al riesgo.

         
  3. Jose Torrent

    octubre 9, 2010 at 10:08 am

    GREAT ARTICLE! Congrats!

     
  4. delamanodelhermano

    octubre 9, 2010 at 10:37 am

    Excelente homenaje a Vargas Llosa, porque es lo que has echo, muy bien merecido, por cierto!

     
  5. carlos Yllobre

    octubre 9, 2010 at 4:07 pm

    Excelente Ernesto, llevo poco tiempo siguiendo tu blog, escribes con talento, frescura y con transparencia, que vergüenza para el periodismo en Cuba, desperdiciar a un joven como tú que tanto se necesita en nuestra sociedad, tengo la esperanza que mas temprano que tarde, en la Cuba que queremos para todos los cubanos, tu periodismo y el de muchos más Ernestos serán imprescindible.
    Un abrazo de un paisano, desde España

     
  6. Kampaspe

    octubre 9, 2010 at 4:29 pm

    Me enorgullezco día a día de que precisamente tú me hallas mostrado a Vargas Llosa…gracias!…de paso,¿ recuerdas cuántas novelas de él me hurtaste a la fuerza como pequena herencia en vida? jejejej, se te extrana….

     
    • elpequenohermano

      octubre 9, 2010 at 5:59 pm

      Bueno, a ver si mi poder deductivo está entrenado…

      Kampaspe fue la más deslumbrante hembra que Alejandro Magno conoció en su promiscua existencia. Tan es así, que esa bella mujer fue el mejor regalo que pudo dejarle al grandísimo pintor Apeles.

      Según cuentan, Kampaspe era altísima, de pelo negro y largo, y piel oscura. Con características similares, y a quien yo le haya quitado una novela de Vargas Llosa, creo que solo hay una mujer, y ahora vive en Alemania… jajaja. Espero haber acertado.

      De ser así, aclaro: la única novela de él que deliberadamente te quité fue Travesuras de la Niña Mala. Y sí, me alegro que yo te haya llevado a conocer a este genio de nuestras letras.

      Gracias por leerme, y un beso infinito.

       
  7. Pedro Julio Suarez

    octubre 10, 2010 at 5:05 pm

    Muy bueno Ernesto, no escatimo tiempo para recomendar tu blog, mi hija, que es una lectora empedernida, pero no de blog, por que segun ella no le interesa la politica, te lee con entusiasmo.
    Un abrazo

     
  8. Pedro

    octubre 10, 2010 at 9:13 pm

    Lo mejor de ese premio y del del chino es la bofetada moral que supone para los que llevan el debate serio y razonado a ese terreno de la chusmería demagógica. Por caer en su terreno y con placer escribo eso = tremenda galleta en la cara y tremenda patada por los eggs que el mundo, representado en la seriedad distinguida del Nobel, premie a los que destruyen la farsa castrista y china.
    Me sale del alma desearles que se retuerzan de rabia. Harto como estoy no es deextrañar. Harto de que nos acuden de mentir y de asalariados de la derecha imperialista, como si a mí me mantuviera algún cheque de nadie, pidiendo pruebas que cuando las das tildan de fotomontajes.

    Es hora que la literatura premiara al autor que demostró, en la tía Julia y el escribidor, que podía hacer tanto realismo mágico como su rival cronológico directo y lacayo de castro Gabo, aunque me quedo con gabo y sus Cien años de soledad. Una deuda con Mario, que sólo el tiempo a su paso sacando la mierda de Cuba al sol ha limpiado su nombre de ese lastre que le impediría el Nobel.
    Y es que el fascismo ahora vive en Cuba, China Corea del Norte. Las tres C del terror.

     
  9. antino

    octubre 11, 2010 at 9:24 am

    Muy buen articulo, felicidades, discrepo en lo de prohibiciones literarias o musicales, soy algo mayor que tu y en mi beca universitaria descubri a Kundera, Vargas Llosa,al que conoci primero por la pelicula La Ciudad y los perros y despues todo el mundo lo leia donde quiera, tambien lei alli Rebelion en la granja y La gran estafa, de eso se discutia donde quiera y se hablaba a voz populis.
    Se hacia con sentido contructivo, apasionado y enrriquecedor, sin odios y sobre todo sabiendo vivir cada uno con nuestras frustarciones.

     
    • elpequenohermano

      octubre 11, 2010 at 11:19 am

      Antino, eso que dices también lo viví yo. O sea, mis compañeros de clase y yo también leíamos esas cosas sin buscarnos problema alguno. Y por cierto, algo que no mencionas pero que es bueno aclarar para los lectores no cubanos: todas esas obras, las leíamos de mano en mano, prestadas por alguien que tenía una edición extranjera, porque en Cuba jamás han sido publicadas.

      Ahora, eso no quita que en algunos períodos y lugares sí hubiera sido un connflicto, como de hecho lo fue para esos dos casos que menciono arriba: un editor bayamés que fue echado de su puesto precisamente por tener artículos de Vargas Llosa, y antes, lo mismo con un periodista y gran lector. No son invenciones mías, fueron casos bien conocidos en esta ciudad.

      ¿Que ha cambiado esa “proscripción”?, desde luego, y yo lo afirmo en mi anterior comentario. Como también afirmo que ya no detienen a nadie por escuchar cualquier música. Pero, ¿eso desmiente que sí se hizo?, ¿que sin irnos a los inquisidores ´70, todavía a principios de los ´90, escuchar a Willy Chirino en la casa era un riesgo grandísimo…?

      Gracias por leerme, y por tus criterios.

       
  10. Gabriel

    octubre 11, 2010 at 11:52 am

    Me olvidé de comentar que el libro “Cuba Libre” de Yoani está prohíbido en Cuba.

    Hace unos días incautaron los ejemplares que le mandó la editorial por correo a la propia Yoani. Lo cual sirve para recordarnos que las autoridades violan la correspondencia de Yoani, contraviniendo la propia constitución cubana.

    Los datos de ahora mismo nos indican que la censura sigue muy viva en Cuba.

    Otro caso notorio es el del grupo de punk-rock “Porno para Ricardo.” Encarcelaron a su cantante Gorki Águila durante dos años, después de encontrarle dos pastillas de anfetaminas en los bolsillos. Naturalmente el verdadero motivo estaba en las letras de las canciones.

    Más tarde intentaron encarcelarle por poner la música demasiado alta en los ensayos. No estoy hablando de broma, en Cuba te pueden mandar a la cárcel por poner la música alta.

    Afortunadamente hubo un gran movimiento internacional de apoyo a Gorky y se presentaron un montón de periodistas extranjeros en el juicio. Al final los testigos claves no aparecieron y castigaron a Gorki con una simple multa.

    Las imágenes de Gorki esposado como un delincuente mientras lo llevaban al juicio por poner música demasiado alta recorrieron todo el mundo.

    Creo que las autoridades cubanas están empezando a comprender que el resto del mundo comprende con mucha dificultad que se impongan penas tan desmedidas para delitos tan leves.

     
  11. palantesiemprecubano

    octubre 11, 2010 at 4:26 pm

    Estimado Ernesto,
    Tu último post me ha llegado con marcado sabor agridulce.
    Por un lado las loas a ese grande de la literatura mundial que es Don Vargas Llosa, con las cuales coincido plenamente pues considero personalmente que entre los más delicados manjares que han disfrutado mis ojos están las obras de este grande de todos los tiempos.
    Pero, y sí hay un Pero. No puedo creer, según tu mismo mencionas, que entre los autores que tallaroin el molde de tu literatura, que fueron el crisol de tu obra; no se encuentre Josá Martí.
    No puedo creer que tengas tanto dominio de la litertura mundial, que menciones tan acertadamente a grandes del patio como Alejo Carpentier; y que a la vez no menciones, quizás de pasada, alguna palabra sobre nuestro Apóstol.
    Respeto los gustos, preferencias, ideologías, religiones que puedan profesar/defender cada cual. Estoy perfectamente convencido de que en la pluralidad está la respuesta a la necesidad de desarrollo individual y colectivo.
    Personalmente soy un admirador profundo de nuestro Martí, periodista-escritor-traductor-visionario-…, en fin, qué faceta de la vida no tocó gentilmente con su obra?
    No es porque sea cubano, todo lo contrario. Considero que además de los que ya mencionaste existen otra serie de intelectuales y pensadores en Latinoamérica, y del mundo, en las aguas de los cuales podemos, -y debemos-, beber.
    Comprendo que este es tu blog y que esta es una muy personal opinión mía, pero no puedo dejar pasar por alto algo que me ha asombrado sobremanera: el anonimato al que está condenado Don Josá Martí en tu blog.

     
    • elpequenohermano

      octubre 11, 2010 at 5:22 pm

      Bueno, ahora me permito responder como lo amerita tu comentario, con puntos y comas:

      1. Te invito a que releas este blog, desde sus primeros artículos. Pero que lo hagas como lo hacen los investigadores y los ensayistas: papel y pluma en mano, anotando todo lo que se encuentre. Descubrirás que has errado inmensamente en esta apreciación, sobre todo en esta ofensiva (así la considero) frase: “el anonimato al que está condenado Don José Martí en tu blog”.

      Descubrirás que, por ejemplo, un texto al que di en llamar “Mi Propia Vindicación de Cuba” toma al Apóstol como referencia, y allí hago un homenaje con verdadera devoción al que considero el más grande de todos los cubanos. Te invito a releerlo: creo que más evidente imposible que quien escribió ese texto se declara profunda y raigalmente martiano. También en varios otros artículos, hago claras referencias al ideario martiano.

      Pero además, si lees también algunos de los comentarios que yo he hecho, con los lectores bajo los posts, notarás también que en muchísimas ocasiones empleo referencias del Maestro.

      2. Rectifico una idea que expones. Dices: “No puedo creer, según tu mismo mencionas, que entre los autores que tallaron el molde de tu literatura, que fueron el crisol de tu obra; no se encuentre Josá Martí”.

      En realidad, lo que yo digo en el artículo es: “nada ha influido y determinado más mi pensamiento, mi cosmovisión de la literatura y los fenómenos artísticos; nadie dinamitó más mi cerebro adolescente con toda clase de ideas libertarias, antitotalitarias y cosmopolitas, que este peruano español”. Esto, lo sostengo con todas sus letras.

      El tipo de escritor que pretendo ser, el tipo de intelectual al que aspiro a aproximarme, sí tiene a Mario Vargas Llosa como referente principal. Pero eso EN NINGÚN MOMENTO excluye a nuestro Martí de los intelectuales que más admiro, repeto, y casi idolatro por tratarse de un cubano como yo.

      Que Vargas Llosa, con sus novelas y sus artículos, hayan influenciado muchísimo al adolescente que fui, no significa que sea el único. Sólo, el que más. También lo fueron Cabrera Infante, Carlos Alberto Montaner, y Jorge Mañach. También Albert Camus y Alexandr Solshenitzn. También Rubén Martínez Villena, Julio Cortázar y Mark Twain, y un larguísimo etcétera de pensadores y escritores.

      Y también, cómo si no, nuestros inmortales Félix Varela y José Martí.

      Lo que no comparto contigo, y me ha parecido muy desacertado, es decir que en este blog el Maestro está condenado al anonimato, cuando el espíritu de El Pequeño Hermano (lo dije en otro comentario, hace muy poco) es fundar un espacio digital donde se cumpla su máxima de “Con Todos y Para el Bien de Todos”.

      Cuidado con el pensamiento acusador y los adjetivos injustos, hermano mío. Aún entre quienes pensamos una Patria mejor, como el Apóstol la soñara, cabe respetar la diversidad y tener la tolerancia como máxima intelectual.

       
  12. ts

    octubre 11, 2010 at 9:25 pm

    Desde guatemala se te felicita y te auguro muchos exitos en tu futuro incluyendo un premio nobel! continua con tu arte que tienes para escribir ya q tndras un futuro realmente brillante.

    saludos

     
  13. HavanaClub

    octubre 16, 2010 at 2:09 pm

    No he leído a Vargas Llosa en sus novelas, es algo que tengo pendiente, y quizás movido por la novedad del reciente premio, me anime a alguna novela suya. Quizás he perdido tiempo. Soy lector ocasional, no asiduo y constante, así que en mi caso, tendré que elegir. Sin embargo sí soy lector asiduo de diarios y de columnas de opinión. Las de Vargas Llosa que leí, casi todos en el diario chileno La Tercera, me dejaron el sabor amargo de un pensamiento de derecha extremo, muy neoliberal. Ambas cosas han tenido consecuencias, según mi apreciación y experiencia, nada simpáticas en las sociedades latinoamericanas, por lo que sus pensamientos escritos me han hecho ponerlo en un lugar nada privilegiado de mi visión de este mundo. Eso, por supuesto, no lo hace desmerecedor del Nobel. Pensando en grande, siento orgullo igualmente que sea, una vez más, un latinoamericano el merecedor de tal premio.

     

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