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Instrucciones Prácticas para Fabricar un Enemigo

20 Sep

A los nueve años de edad, una caída desde cierta altura daría un giro estrepitoso a su vida. Le impediría volver a caminar. Le obligaría a someterse a intervenciones quirúrgicas sin final, que tornaron su adolescencia un período doloroso y cruel.

A pesar de ello, quizás el Dios al que tanto invoca le premió con una espiritualidad lo suficientemente vasta como para no permitir que la desgracia le arruinara la sonrisa. Sin apenas proponérselo, a sus hoy cuarenta años carga con un mérito incuestionable: poseer, en su ciudad, la popularidad más aplastante que alguien alejado del poder o la gloria pudiera alcanzar.

Su nombre: Carlos Jesús Reyna. Su casa, ubicada en una de las arterias más transitadas del Bayamo oriental, es punto de encuentro obligado para los más diversos y pintorescos personajes de esta ciudad. Su círculo de amigos y conocidos varía entre respetados médicos y abogados, hasta delincuentes famosos por sus fechorías dignas de cronicar.

Él sabe que, después de tantos avatares, poder contar con su legión de amigos es una franca derrota para el sistema que padeció.

Porque este bayamés cuya imagen no podría pasar inadvertida entre las multitudes más soberbias, con su cabello larguísmo y sus ropas que declaran a viva voz su fanatismo por el fútbol argentino, desde hace casi dos décadas sufre los efectos de una marginación política que jamás mereció.

ANTECEDENTES

– ¿Cuál fue el origen de tu enfrentamiento político en esta ciudad?

– Mira, hay un antecedente al hecho que marcó un antes y un después en ese sentido. Fue una denuncia que yo hice en el año 1993 de cuatro policías por abuso de autoridad.

Hasta ese momento, yo jamás había tenido problemas con ningún órgano oficial.

Sin embargo, por la vida nocturna que siempre tuve junto con varios amigos, que nos quedábamos hasta después de la medianoche en algunos parques, sufrí la arbitrariedad de policías que sin razones ni bases legales nos expulsaban de los lugares públicos, supuestamente porque éramos delincuentes potenciales.

¿Por qué?, pues porque decían que cuando uno trabaja, no puede quedarse hasta tarde en la calle. Si estábamos más tarde de lo que consideraban como debido, éramos antisociales. Todos nosotros o estudiábamos o trabajábamos, pero eso no valía para ellos. Llegaron a detenernos, otras veces a multarnos.

Esa situación yo la denuncié, y dos de los cuatro que acusé ante tribunales militares fueron sancionados. Ahora bien, como tú comprenderás con ese asunto acababa de ganarme el odio eterno de los policías de esta ciudad. Ese fue en verdad el preámbulo de lo que vendría unos meses después.

– La acusación por el delito de “propaganda enemiga”…

– Efectivamente. La cruz que me colgaron arriba de ser un antisocial que pintaba carteles subversivos contra el gobierno.

– Cuéntame ese incidente en detalles.

– Eso fue en la madrugada del 13 de Junio de 1993.

Cuatro amigos acabábamos de llegar al parque Céspedes, creo que llevaríamos sentados allí unos veinte minutos cuando alguien me hizo reparar en que, cerca de nosotros, en los propios bancos de granito, habían varios letreros pintados con crayola verde. Letreros que decían “Abajo Fidel” y “Abajo la Dictadura”.

Uno de los primeros en notarlos, creo que por nerviosismo, incluso intentó empezar a borrarlos pero la crayola no se caía fácilmente. Ahí decidimos irnos de aquel lugar. Sabíamos que podría traernos problemas bien serios.

– ¿Se fueron para sus casas?

– No. Era sábado y nos fuimos a la fiesta de otros amigos, relativamente cerca de allí.

Creo que no habrían pasado diez minutos cuando el operativo policial, con tres carros de patrulla y varios uniformados paralizaron aquella fiesta. Detuvieron a todos, incluso los que no habían pasado por donde esos carteles estaban pintados.

Para mí, por mi condición de impedido físico, mandaron a buscar una patrulla aparte. Nos llevaron a una unidad, nos metieron en calabozos sin darnos una explicación siquiera. Cuando preguntábamos lo único que respondían era: “Ustedes saben por qué están aquí”.

Al día siguiente, domingo, nos trasladaron a otra unidad de máximo rigor, bajo tierra, donde se investigaba a todos los que serían procesados por delitos contra la Seguridad del Estado.

A mí me encerraron en una celda para mujeres por mi condición física, porque era la única que tenía colchón. En las otras, eran solo camas de cemento. De hecho yo había pasado toda la noche anterior en la silla de ruedas, porque donde nos detuvieron solo había camas de cemento, y acostarme ahí me iba a provocar escaras al seguro.

En esta otra unidad estuve casi 72 horas. Sin que nos dieran razones, sin abogados ni ley de por medio. Siempre nos decían que confesáramos, que nosotros sabíamos lo que habíamos hecho. Nos interrogaban cada una hora aproximadamente, sin dejarnos dormir ni descansar. Nos hicieron pruebas de caligrafía: había que escribir “Viva Fidel” y “Viva la Revolución” 700 u 800 veces en hojas de papel.

Al cabo del tercer día, ellos mismos temieron por mi estado físico, porque yo dije que ni iba a comer más ni iba a tomar agua. Por cierto, recuerdo que antes de eso, hubo un día en que pedí una toalla para secarme la cara, y lo que me entregaron, como burla, fue una frazada de limpiar el piso. Entonces, por mi huelga me llevaron a mi casa, en una especia de prisión domiciliaria. Los demás sí se quedaron presos durante una semana.

En esos días nadie podía visitarme, ningún amigo ni familiar: solo los oficiales que iban a interrogarme casi sin parar.

Hasta que un día encontraron al verdadero autor de aquellos carteles, que no tenía nada que ver con nosotros y confesó su culpa desde el principio. En ese momento decidieron soltar a todos los detenidos, y decretarnos inocentes. La misma Seguridad del Estado nos decretó inocentes.

– ¿Pero cómo fue ese “decreto”? ¿Fue escrito?

– No, hicieron unas reuniones en los barrios donde vivía cada uno, excepto en el mío, para aclarar que habían sido procesados por error, y que eran inocentes.

– ¿Y contigo?

– Fui el único con el que no hicieron ese “acto de desagravio”. Les pidieron disculpas a mis padres, me las pidieron a mí, y punto, pero nada de forma pública. Nosotros pensábamos que ahí terminaba todo, cuando la verdad era que las consecuencias reales estaban por llegar.

LAS CALLES SON PARA LOS REVOLUCIONARIOS

– ¿Cuáles fueron las consecuencias posteriores que te trajo ese incidente?

– Ahí empezó de verdad la guerra de la policía contra mi persona. Era una hostilidad que me afectaba en todo lo que tuviera que ver con la vida pública.

Como a raíz de aquella denuncia de cuatro oficiales yo me volví conocido entre ellos, porque no es común que aquí nadie se atreva a enjuiciarlos, aprovecharon la coartada para desacreditarme socialmente, y para provocarme un estado de presión social insoportable.

A todas las personas que se acercaban a mí las amenazaban. Si una muchacha se paraba en una calle a conversar conmigo, llegaban y delante de mí le pedían su identificación, y le decían que estaba manteniendo relaciones con una lacra, y que podía ser juzgada por eso.

Para que tengas idea: yo no podía entrar a los cines, ni a los cabarets, bajo el pretexto ridículo de que podía provocar un atentado en esos lugares públicos. A mí me llegaron a sacar de un cine con ese pretexto. Tampoco me dejaban entrar en algunos puntos gastronómicos…

– ¿Cómo cuáles?

– Una hamburguesera que había en esta ciudad por ese entonces.

Como era pleno Período Especial, las colas para comprar hamburguesas eran interminables y hacían falta policías para organizarlas.

Pues uno de esos días yo estaba en la fila y una oficial llamada Adis Zamora, que todavía hoy es policía, me sacó y abochornó públicamente diciendo que yo no tenía derecho ni a comerme un pan producido por esta Revolución.

Otro día, en el Hotel Sierra Maestra un oficial también hoy activo, llamado Rafael Varela Luna, me dijo que jamás yo podría volver a entrar a ese hotel. Que las calles y todos los lugares de este país, eran para los revolucionarios.

Es que yo salía de mi casa, y a los 5 minutos tenía un policía controlando a dónde yo iba y con quién hablaba. Me humillaban públicamente: me decían tullido, me ofendían.

– ¿Y esa situación en algún momento empezó a cambiar?

– Cambió, pero por una carta que envié en 1994 al Consejo de Estado, pidiendo un recurso de amparo al Presidente de la República porque ya en mi pueblo yo no tenía garantías constitucionales. Mi vida no tenía sentido ni protección, porque cualquier oficial podría atentar contra mí con total impunidad.

Escribí otra carta a la Comisión de Derechos Humanos en Cuba. Incluso recuerdo que el sacerdote que oficiaba en ese momento en Bayamo, el Padre Palma, rezó públicamente por mí, y dio a conocer mi caso en la Catedral.

Empecé a tener una connotación de líder que jamás quise tener. Yo era simplemente un ciudadano que quería ser respetado con sus derechos constitucionales.

– ¿Y hubo respuesta por parte del Consejo de Estado?

– Enviaron dos coroneles a mi casa, a conversar conmigo. Ellos investigaron, comprobaron que mi denuncia era cierta, y tomaron algunas medidas con los principales responsables. Me garantizaron que ese acoso sobre todo policial, iba a cesar en ese mismo momento.

Pero para entonces ya yo había manifestado mi absoluto distanciamiento de organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), había decidido no volver a votar en las elecciones, porque me consideraba traicionado y sancionado injustamente por todas las instancias oficiales que me rodeaban.

Recuerdo que ya no tenía miedo a que me llevaran preso por expresar mi desacuerdo de forma pública, porque estaba siendo más prisionero en la calle que si estuviera en la misma cárcel.

A mí me obligaron a enfrentarme directamente con el sistema. Antes de que ellos construyeran esa historia, yo era un ciudadano común y corriente que, aunque tenía mis propias maneras de ver lo que pasaba en este país, no las manifestaba de forma pública.

Pero cuando tú notas que eres agredido y enjuiciado sin que haya justicia  alguna, y que todos los “factores” de la sociedad están en tu contra, resulta imposible mantener una posición distanciada de la denuncia y el enfrentamiento.

BREVE EPÍLOGO

Hace unos cinco años comenzamos nuestra amistad. Un vínculo estrecho, basado en el afecto, la solidaridad, y en intereses mutuos: la música, el fútbol. No exagero si digo que este es quizás uno de los seres más originales y admirables que he conocido jamás.

No sólo porque de entre el sufrimiento consiguió erigir su personalidad deslumbrante, que atrae lo mismo al ingeniero que al alcohólico, sino porque consiguió, a fuerza de dignidad, restarle vigor a esa fulminante campaña de difamación que levantaron en su contra.

Más que todo, su real mérito ha sido que quienes le rodean desatiendan esas acusaciones. Porque siendo veraces, hay que decirlo: jamás Carlos Jesús Reyna consiguió ser el mismo bayamés que antes cruzaba el día, en su silla de ruedas, como otro ciudadano común.

La primera investigación que yo mismo recibí en el barrio donde vivo, tuvo como origen mi amistad con él. Cuando otro amigo común se hizo novio de quien hoy es su esposa, a la madre de la muchacha la llamaron a contar: “Ten cuidado, tu hija es ahora novia de uno que anda con un muchacho que pinta carteles contra el Gobierno”.

Él lo sabe. Todos lo sabemos. A estas alturas, es simple materia para chistes de ocasión. Por fortuna, como dijera Mahatma Ghandi alguna vez, la última palabra nunca la tienen las tiranías ni la maldad.

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21 comentarios

Publicado por en septiembre 20, 2010 en 03 Septiembre, 2010

 

21 Respuestas a “Instrucciones Prácticas para Fabricar un Enemigo

  1. oscar alvarado

    septiembre 20, 2010 at 12:29 pm

    He visto a otros escapar de problemas similares con la policía cubana ,diciendo !soy revolucionario! , viva fidel. es un delito no demostrar sumisión al castrismo . por lo que el sistema asume que si no estas con el .. estas en contra . hasta cuando coño .

     
  2. Luis Enrique

    septiembre 20, 2010 at 12:46 pm

    Yo tambien conoci a Carlitos, y nunca supe por que (ahora entiendo) el hecho de hablar con el producia ese cosquilleo de saber que todos te miraban extrannamente, como si se tratara de estar accediendo algo que no estaba permitido. Juro que no conocia su caso hasta ahora, pero siempre me parecio una persona de gran personalidad.
    Un abrazo para el y mucha suerte.

     
  3. Guaitabó Cubano

    septiembre 22, 2010 at 5:46 pm

    Oscar, cuidado con esa ira.
    Tú das por verdadero todo lo que dice este periodista (?)
    Él mismo reconoce que se reúne con delincuentes, y qué carajo tiene que ver la delincuencia con la buena fe, con la inocencia?????????????? Será tan inocente como dice Ernesto?????????????? Que el odio a los Castro no te ciegue.
    Luis Enrique, no entiendo el cosquilleo, si no sabías quien era ¨Carlitos¨ (que confianza en el trato!!!!!!!!)

     
    • delamanodelhermano

      septiembre 22, 2010 at 6:35 pm

      Carlitos no es ningun deliquente, es una de las personas mas decentes que conozco en todo Bayamo. Simplemente es una persona la cual conoce muy bien sus derechos y exige que se los respeten, algo que muchos deberian aprender.

       
      • Guaitabó Cubano

        septiembre 22, 2010 at 11:33 pm

        No digo que sea un delincuente, me refiero a lo que dice el periodista y no tengo por qué creer en eso. Será verdad que el régimen se ensañó con un pobre minusválido, así, por gusto?????? Cuba es reconocida por el tratamiento especial a sus discapacitados, eso no lo puede negar nadie, nadie honesto. Solo eso, es mi derecho a dudar.

         
      • delamanodelhermano

        septiembre 23, 2010 at 3:05 am

        El periodista habla lo que el entrevistado le dijo. Conozco muy bien y respeto mucho “al periodista” como para saber que no cambia las respuesta a su conveniencia. El regimen no se ensaño con un probre minusvalido, la prueba esta en que se descubrio la verdad, se le pidio disculpa y lo llevaron a la casa. Se ensaño la policia, que muchas veces se creen que pueden faltarle el respeto a los ciudadanos por ciertos poderes que tiene y al el denunciarlos, le cogieron roña. “El periodista”, mejor dicho, el entrevistado (en este caso Carlitos) admitio que a el le dieron tratos especiales en la prision, por ejemplo: cama en la celda de mujeres porquen el las de hombres eran de cemento. Asi que no veo por donde no pudo ser honesta esta entrevista. Cosa que me consta, es lo honestos que son estos dos individuos.

         
    • elpequenohermano

      septiembre 22, 2010 at 6:36 pm

      La primera y más importante prueba de que sí era inocente es esta: que no fue sancionado, que no fue a prisión. ¿Usted sabe cuánto establece el Código Penal cubano para la “propaganda enemiga? De 1 a 4 años de privación de libertad.

      El otro punto: le recomiendo lea nuevamente el texto. No digo “que se reúne con delincuentes”. Esa es una simplificación excluyente. Digo que su rango de conocidos y amistades incluye desde profesionales bien respetados, hasta seres de estratos sociales más bajos, como delincuentes, cosa que, por cierto, en modo alguno es vergonzoso. Ojalá algún día yo tuviera suficiente superioridad de espíritu para saber relacionarme en todos los estratos sociales.

      Coincido con usted en que el odio a nadie debe cegarnos para establecer juicios.

      Y por último: tampoco Luis Enrique, en su comentario, dice que no conociera a Carlitos (que por cierto, en una ciudad de casi 300 mil habitantes, así es conocido). Dice que no sabía por qué conversar con él tenía esa connotación semi-prohibida.

      Bienvenido a la polémica respetuosa y sobria.

       
      • Guaitabó Cubano

        septiembre 22, 2010 at 11:37 pm

        Lo dicho. No puedo afirmar que el Carlitos sea un delincuente, pero tampoco que es un santo. Si no lo apresaron pudo ser porque no tenía delito o por su estado físico. Eso pienso.

         
  4. Guaitabó Cubano

    septiembre 22, 2010 at 11:42 pm

    Y también los hay que solo buscan ´hacer méritos¨ con los jefecitos de la Oficina de Intereses. Bueno, es su manera de garantizar visa y hasta trabajo por allá, a 90 millas del malecón. O por acá, porque se sabe que los sobres que reciben los ¨independientes´ de aquí vienen bien cargados y por eso se pueden dar la gran vida en esta isla que tanto critican.

     
    • delamanodelhermano

      septiembre 23, 2010 at 3:07 am

      Hasta que lei este comentario, pense que era una persona que polemizaba concientemente, con todos los tornillos bien apretados. Se da cuenta la brutalidad que esta hablando?

       
    • Luis Enrique

      septiembre 23, 2010 at 10:33 am

      Casi me dispongo a responder, pero igualmente no creo que valga la pena despues de este comentario tan fuera de lugar y que muestra claramente como reaccionan cuando se quedan sin argumentos.
      Lo que si no deja de sorprenderme es como estos individuos estan entrenados para emitir criterios y asegurar cosas sin tener la mas minima prueba de veracidad, sin importar si con eso ofenden la dignidad de otra persona. Muchos conflictos en el mundo se deben a esta forma irresponsable de actuar y expresarse sin base.

       
    • JOSE

      octubre 14, 2010 at 12:43 pm

      De dónde salió este indivíduo que piensa que todo el que denuncia o es víctima de algun abuso en Cuba está al servicio de la SINA.
      Es una pena que en el pueblo cubano existan tantos lamebotas…

       
    • GoogleBox

      enero 7, 2011 at 2:48 am

      Nunca he tenido la oportunidad de leer ningun articulo de los periodistas independientes en Cuba en los que critiquen a la isla. En todo caso critican al Gobierno y/o al Estado. Por favor no confundir el conceptos geograficos con instituciones temporales.

      Y la critica, buena, mala o regular, en mi opinion es algo que es saludable en todas partes. Y si, probablemente algunos reciban sobres con dinero, como recibe buena parte de los Cubanos. Es la muestra de que amigos, familia o simplemente de gente que los apoya en su trabajo queremos ayudarlos.

       
  5. oscar alvarado

    septiembre 23, 2010 at 2:13 pm

    Para los que no comparten la opinión del comunistilla de poca monta que verborrea sin sentido, creo que lo mejor es no hacerle mucho caso . y para usted señor revolucionario sepa que su opinión ..ni se la pedí , ni me interesa

     
  6. oscar alvarado

    septiembre 23, 2010 at 2:20 pm

    pequeño hermano … encuentro su trabajo excelente .. aunque mi opinión no es la de un experto , creo que lo haces bien , estaré al tanto de próximas narraciones .

     
  7. jorge

    septiembre 24, 2010 at 6:00 pm

    QUISIERA DAR MI MODESTA OPINION RESPECTO A CARLITO ALIAS LA SILLA,LO CONOSCO DESDE PEQUEÑO Y CONOSCO SU FAMILA,SU FAMILA UNA FAMILA CUBANA DESENTE QUE DESDE QUE COMENZO EN LOS AÑOS 60 LA EXPROPIACIONES DE FINCAS Y NEGOCIOS FUERON VICTIMAS DEL REGIMEN COMUNISTA Y A SU ABUELO LE QUITARON UNA FINCA Y EL SEÑOR SE SUICIDO DESGRACIADAMENTE,CONOSCO AL HERMANO DE CARLITOS LLAMADO JOSE MUY AMIGO MIO FUE VICTIMA DE UNA PATRAÑA EN LA EPOCA QUE LOS ESBIRROS DEL REGIMEN LE ARREBATARON EL ORO AL PUEBLO CUBANO QUE HOY EN DIA NADIE SABE A DONDE FUE A PARAR,FUE A CAMBIAR UN ORO DE LA FAMILA Y COMPRO ALGUNAS DE LAS PACOTILLAS QUE VENDIAN EN ESOS TIEMPOS Y LE PRIVARON SU LIBERTAD FUE VICTIMA DE LOS AGENTES DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO EN BAYAMO,ES DECIR QUE HABIA UN ENSAñAMIENTO DE PARTE DE ESTE CUERPO REPRESIVO CONTRA ESTA FAMILA Y DESPUES SE PRODUCE LA HISTORIA QUE ESCRIBE AQUI NUESTRO AMIGO ERNESTO,CARLITOS SIMPLEMENTE FUE VICTIMA DEL SISTEMA QUE LE TOCO VIVIR,MUCHACHO TRANQUILO AMIGO DE MUCHA GENTE EN BAYAMO DE TODAS LAS CLASES SOCIALES,AMIGO DE MUCHAS JOVENES PORQUE TIENE UN CARISMA ESPECIAL,ME ALEGRO MUCHO HABER PODIDO LEER Y PARTICIPAR EN ESTE ESCRITO ESPECIAL DE ERNESTO A NUESTRO AMIGO CARLITOS MIS SALUDOS PARA EL.

     
  8. ANDRES FELIU JR

    septiembre 27, 2010 at 4:26 pm

    Conozco a Carlos Jesús Reyna Lopez desde niño, yo le vi correr, corria conmigo, ibamos juntos a la misma escuela y teniamos el mismo maestro, recuerdo la mañana despues de muchos meses que le vimos regresar al aula diferente, en una silla de ruedas, desde entonces nunca mas se separaria de ella, nuestras familias eran amigas de muchos años, nosotros honramos esa amistad prolongandola en el regocijo de la nuestra.La vida nos separo en muchas ocasiones esta última ha sido la mas larga, cuando voy a mi querido Bayamo siempre me congratulo de su abrazo y sonrisa larga.La entrevista/articulo es sencillamente excepcional. Puedo dar fé de las verdades aqui plasmadas.Quiero dejar patente mi admiracion por él, cuando pocos nos atreviamos a ser contestatarios con el Regimen Carlitos estaba siempre en “primera linea”. Un abrazo largo y bayamés para todos. Mi amigo el Moro tauil me sugirio este Blog y no se equivocó.

     
    • elpequenohermano

      septiembre 27, 2010 at 6:37 pm

      Me alegra que personas que sí le conocieron en esos tiempos, confirmen que lo aquí escrito no son invenciones mías. En honor a la justicia, creo que vale la pena contar alguna vez las historias de tantos excluidos, humillados, estigmatizados por un sistema supuestamente por los humildes y para los humildes.
      Le haré llegar a Carlos este hermoso comentario tuyo. Mi abrazo para ti.

       
      • Jorge Leon

        octubre 14, 2010 at 12:37 pm

        Hola, recien descubri por acaso tu blog y me parece genial la forma en que escribes, la sencillez y profundidad con que abordas cada tema. Solo felicitarte y decirte que desde hoy soy seguidor de tu blog.
        Exitos y un abrazo.

         
  9. el cubano loco

    octubre 4, 2010 at 5:29 am

    Un tipo con mucha clase este “Carlitos Silla”.
    Haber tenido que salir de Cuba y esperar tantos años para enterarme de toda su desventura ha sido, como mínimo, inspirador (nuevos proyectos saldrán a la luz).
    Un abrazo para él bien grande!

     

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