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Mi Amigo el Enemigo

16 Ago

Un suspicaz incidente acaba de darme, esta vez, materia para escribir. En muestra de una rara voluntad de polémica y confrontación democrática, el sitio Kaos en la Red, que se auto promulga como campeón de la reflexión intelectual, acaba de censurar un post publicado originalmente en este blog, y que algún lector decidió colgar en ese portal.

El texto Mi Propia Vindicación de Cuba apareció allí en el área de libre publicación, y poco después pasó a las páginas centrales de la sección Cuba. Luego de alcanzar un número considerable de lecturas, y de ser comentado por muchos lectores, desapareció sin dejar rastro.

Lo interesante es que, según algunos comentarios a los que tuve acceso vía e-mail, un par de enfebrecidos lectores profirieron aullidos de indignación ante semejante oprobio para el progresista Kaos en la Red. El oprobio era la aparición de mi escrito allí, no su posterior censura, incluso solicitada por varios de ellos.

¿Cómo es posible -se preguntaban- que nuestro sitio, trinchera de la izquierda unida, permita al enemigo infiltrarse de semejante manera? ¿Cómo es posible que se le ofrezca aquí tribuna a un autor (yo) que admite desde su página de Facebook leer con dedicación a Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner?

Poco después, Kaos en la Red retiraba mi ignominioso artículo.

Debo confesarlo: la anécdota me ha divertido. En cierta ocasión le avisaron a Sigmund Freud que los nazis quemaban sus libros. La respuesta del sabio psicoanalista fue de un sarcasmo sin igual: “¡Como ha avanzado la humanidad! – dijo-. En la Edad Media me habrían quemado a mí”.

Ni por asomo quiere mi ego pensarse tan peligroso para el izquierdismo ortodoxo, como al parecer era la obra freudiana para los fascistas retrógrados. Pero me seduce creer que algo habrá, ¿no? De lo contrario mi sencillo escrito seguiría allí.

Tampoco creo descubrir verdad alguna si afirmo que Kaos en la Red representa una facción cada vez más empobrecida y desacreditada precisamente por falta de pluralidad, por el pánico que les inspiran las voces divergentes, así que nada distinto cabría esperarse.

Más analizable aún es el grito de “¡Enemigo a la vista!” proveniente, quizás, de alguno de los entrenados muchachos de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), o de cualquier otro grupo con similares menesteres, cuyos cerebros poseen una delicada programación en código binario: ceros-unos / amigos-enemigos.

En cuanto a mí, cada día me propongo llenarme más de dudas con respecto a estas fronteras. Padecer un escepticismo general que me haga dudar de cuán amigo es quien se dice mi amigo, y cuán enemigo es quien se me presenta como tal.

Me explico.

Uno de mis mejores amigos es militante del Partido Comunista. Tiene 38 años, y anteriormente lo fue de la Juventud Comunista. Con pocas personas he discutido más en toda mi vida. Entre cerveza y cerveza hemos llegado, por momentos, a batirnos en un duelo intelectual que (cubanos al fin) semejaba más un altercado violento que una confrontación de ideas.

Después, hemos terminado los tragos, nos hemos separado cada uno a sus quehaceres, y hemos seguido extrañándonos por el resto del día.

Este amigo posee una vasta cultura universal, y una formación humanista que le permite disentir con inusual frecuencia del partido en que milita. ¿Por qué se enfrenta a muchas de su directrices y arbitrariedades y sin embargo, sigue declarándose simpatizante del proceso? Si tuviera esas respuestas, quizás no discutiría tanto con él .

Pero un hombre que ama a las mujeres y a Martí tanto como yo, que jamás delataría ni condenaría a nadie por pensar distinto a él, y que busca por sus propias rutas el bienestar y el progreso de su país, no puede ser mi enemigo, aun cuando algunas de sus posturas ideológicas se me antojen incompatibles con su inteligencia.

Hace muy poco, durante mi efímero vínculo con el periodismo oficial cubano, conocí a un locutor radial que gozaba de cierto prestigio en mi ciudad. Cada día se presentaba ante los micrófonos, a las seis de la mañana, y conducía un programa informativo de dos horas que, desde luego en mi Cuba Socialista, era de estricto compromiso con el establishment.

Aquel hombre no se salía ni un ápice de lo que su conciencia militante establecía como justo y necesario para su país. Se enorgullecía de hacer una locución comprometida. Pero por suerte, dentro de su conciencia de lo justo y necesario estaba fustigar públicamente a directivos incapaces, exigir atención a ancianos desvalidos, y enfrentar desde el micrófono la violencia imperante en su localidad.

Rara vez coincidí con él en sus visiones sobre el Gobierno, o sobre infinitos temas circundantes a la política cubana. Pero en mi República particular yo incluiría a un locutor que cree en lo que dice, coincida o no conmigo, y que sabe ponerse de parte de los débiles cuando su conciencia así lo dicta.

Ahora bien, el conflicto surge cuando esta manera de entender la divergencia no es recíproca. Admito que es necesaria una sangre helada, una superioridad tibetana, para no albergar animadversión contra aquellos cuyos credos respetamos, pero que no son capaces de devolvernos el gesto.

Los que nos llaman “el enemigo”, y que en su infinito arsenal de eufemismos viciados, emplean términos como “gusanos”, “escorias”, “desertores”, para definir a todo el que no coincide con sus maneras de entender un proceso social.

Creo que un buen ejercicio para todos, liberales, izquierdistas, humanistas, republicanos, ecologistas, sería copiar esta frase de Voltaire en una hoja de papel, y pegarla en el punto más visible de su hogar: “Detesto lo que dices, pero moriría por defender tu derecho a decirlo”.

Después de incorporar semejante mensaje, cuesta trabajo censurar artículos, denigrar a opositores, considerar como enemigos a todos aquellos que expresen en voz alta, sin hipocresía ni oportunismos, lo que en realidad piensan, sea sobre una doctrina ideológica o religiosa, o sobre una conducta sexual.

Mis definiciones de amigo-enemigo rara vez pasan por un tamiz político. Ante todo me interesan los valores humanos, y celebro que muchas de las grandes personas que conozco, no compartan mis posturas. Cuando se es democrático, cuando se tiene un pensamiento pluralista, se está radicalmente imposibilitado para la intolerancia y la exclusión.

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5 comentarios

Publicado por en agosto 16, 2010 en 02 Agosto

 

5 Respuestas a “Mi Amigo el Enemigo

  1. Sin nombre

    agosto 17, 2010 at 12:16 am

    Querido Ernesto, me hace acordar de una obra de Oscar Wilde, “La importancia de llamarse Ernesto”, título que hace un juego entre el sonido de ese nombre en Inglés, con el sonido de la palabra honesto. Ernest, earnest…
    En fin, que no es de idiomas que quiero hablarte.
    Por el contrario, en buen cubano te quiero decir algo,con humildad.
    Eres una voz clara y limpia, razonas con el elemental sentido común que debería ser propio de todo ser humano. Pero no lo es, Ernesto.
    Eres, a mi entender, una persona honesta y limpia, pero metida en esa cárcel-mazorra que es Cuba hoy.
    Ernesto, sé que no me has pedido consejo. Sé que nole hallarías sentido a tu vida si no pudieras ser así de honesto, pero, de antemano te advierto, que el problema de Cuba va a necesitar varias generaciones para que deje de ser tan degenerado.
    Ni tú ni yo, que soy unos pocos años mayor, vamos a ver la solución en nuestra vida.
    Cuando se muera elviejo loco, todavía quedará el otro viejo, que es más práctico, pero tiene las manos manchadas de sangre también, así que no hará cambios necesarios. Y luego le siguen los que han convertido el comunismo en su modus vivendi, y están en el poder.
    No me has pedido consejo, pero te lo doy de todas formas, para que lo tomes si te sale de los coj…
    Vete de Cuba.
    Cumple tus sueños y olvídate de esa locura donde hoy reinan las barbasy mañana los bigotes de las clarias.
    Vete. Eso no tiene remedio, muchacho.
    Haz tu vida entre gente normal.
    Haz lo que quieras, pero no digas que no te lo advirtieron.

     
    • elpequenohermano

      agosto 17, 2010 at 1:15 am

      Querido amigo “Sin Nombre”,

      Envíame un pequeño mensaje a mi e-mail (está bajo mi perfil) desde una dirección a la que te pueda responder. He visto el que pusiste para comentar, y luego de reirme por la ocurrencia no he estado seguro de que exista en realidad.
      Quiero responderte directamente al hermoso comentario que me dejas.
      Un abrazo (aún) desde Cuba,

      Ernesto.

       
  2. alejo3399

    agosto 17, 2010 at 1:26 pm

    hola ernesto, qué bolá hermano como esta la cosa, carlos me ha contado algo.
    en el articulo mi propia vindicación de cuba creo que llegas a ofender a los periodistas de granma, el texto supura desprecio, que se huele a kilómetros, eso no cuadra asere, al final los periodistas de este país, sean o no de granma, sean o no oficiales, estudiamos en las mismas aulas, y comimos lo mismo en la beca, fíjate que bien dices ahora: “Detesto lo que dices, pero moriría por defender tu derecho a decirlo”.
    oye cuidate compadre, gran hermano otro, y te dejo el link de mi blog, para que refresques un poco: http://alejo3399.wordpress.com

     
    • cubanito_soy

      agosto 18, 2010 at 10:04 pm

      Información es Poder, lee el artículo que está en este mismo blog, y verás que no hay la más mínima ofensa a periodista alguno, simplemente este muchacho dice transparentemente una gran verdad, para que los “dioses” puedan seguir funcionando como tales, hay que olvidar o minimizar todo lo negativo que tengan o hayan hecho, ejemplos: las Unidades Militares de Apoyo a la Producción(UMAP), la zafra del 70, y muchas más, decía un profesor que tenía que el BUENO no es tan bueno como él dice que es, y el MALO no es tan MALO como dice el BUENO que es el MALO, todo es según el color del cristal con que se mire; las culpas son, como siempre, del pueblo, LOS LOGROS DE LOS DIOSES.

       
  3. Sin nombre

    agosto 17, 2010 at 10:39 pm

    No pudedo, Ernesto. Pero algún día, en igualdad de condiciones y deseos, podremos hablar.

     

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