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Todos los Semáforos en Rojo

14 Ago

 

Uno.

Golpearon la puerta dos veces antes de identificarse. Cuando dijeron “Es la Policía”, ya él sabía que no podían ser otros que ellos. Nadie más habría golpeado con semejante rudeza.

Con la cara pálida por los nervios él les dejó entrar, a sabiendas de que ya no habría vuelta atrás. Luego de revisar la casa por sus cuatro costados, se decidieron a destapar una lavadora ubicada (estratégicamente) tras la puerta del baño.

Se miraron con expresión satisfecha: habían encontrado la mercancía. El maleante estaba perdido. Poco después, encontrarían también en una gaveta de la habitación algunos pesos que, aunque no demasiados, eran prueba del comercio ilegal, y por tanto, también serían incautados.

Lo sacaron esposado, a plena luz de mediodía. Lo montaron en la patrulla. Uno de ellos quedó en la casa, tomándole declaración a su mujer, que apenas conseguía balbucear con la garganta cerrada por el miedo y el estupor.

El operativo había concluido con éxito en una transitada calle de la ciudad, y los curiosos, los vecinos, y los merodeantes de ocasión se retiraban no fueran a ser tomados por simpatizantes del caído en desgracia.

Dos.

Yo habría querido que esto fuera solo mi imaginación, mi vocación literaria, pero no lo es. Lo que acabo de describir tuvo lugar en Bayamo hace apenas tres días. El detenido era un amigo personal mío. Confieso que desde el jueves pasado no he conseguido dormir en paz.

El maleante no es tal maleante. La mercancía no es marihuana ni dinero falso. Se trataba, sencillamente, de pantalones. Apenas eso. Una carga de veinte jeans comprados a buen precio en la capital del país, y traídos (con mil desvelos, sobresaltos y penurias) hasta esta ciudad oriental.

Aclaro el “buen precio”: quince pesos convertibles. Habían sido comprados en una tienda habanera que los había devaluado por tener pequeños defectos de fábrica.

En esta parte del país, podrían venderse en veinte, con suerte veintidós pesos convertibles. Pequeña ganancia para el avispado negociante, ganancia para el comprador que de otra manera no podría tener acceso a ellos.

Sin embargo, los ojos entrenados en el arte de informar nunca descansan. Algún diligente “colaborador” informó del delito, y los cuerpos del orden hicieron su aparición. ¿Cuál delito? Pues algo que se ha dado en llamar, en esta mi Isla de los eufemismos, “acaparamiento”. Así se define y así se sanciona.

¿En qué consiste el acaparamiento? Pues en poseer un número presumiblemente alto de algo que sirva para comerciar. Da lo mismo si son galletas de sal, aspas de ventiladores, o como este caso, jeans con pequeños defectos de fabricación. El número que se considera demasiado alto no ha sido estipulado. Es trabajo de los cuerpos policiales interpretarlo como tal.

Es por ello que, por ejemplo, recuerdo en mis viajes hacia la Universidad de Santiago de Cuba, a los policías que abordaban un camión cargado de estudiantes, revisaban nuestro equipaje, y detenían y multaban a alguno si traía entre sus pertenencias más paquetes de sorbetos o dulces de los que se presumía como normal. La mercancía, obviamente, quedaba confiscada también.

Muchas veces eran panes o barras de guayaba, o cualquier producto con el que los universitarios comerciaban para ganar unos pocos pesos de subsistencia, y de paso mal aliviarles el hambre a sus compañeros de penurias.

El “acaparamiento” es solo uno de los tantos términos denigrantes con los que se corta de raíz todo intento de comercio, de beneficio personal, en nombre de una supuesta equidad común que cada día se hace más patéticamente ficticia.

Detrás de ese término subyace una mentalidad gubernamental entregada por entero a barrer sin clemencia a todo aquel que se niegue a vivir como indigente con un salario estatal, y decida agenciárselas a duras penas con un comercio tan mínimo como estresante. Para esos, el camino está plagado de semáforos en rojo.

Tres.

En Cuba circulan dos monedas. Una, con la que le pagan a los trabajadores. Otra, veinticinco veces superior, con la que les cobran. Es evidente que “comprar” el peso convertible con el cual se accede a los artículos de primera necesidad es una labor casi constante entre los obreros cubanos.

Pues bien, al menos en mi ciudad, con cerca de 300 mil habitantes, solo hay dos “Casas de Cambio” donde realizar la operación de manera legal. Las colas serpenteantes que figuran tras sus puertas de cristal, con cientos de personas soportando el sol para poder adquirir los pesos convertibles, son deprimentes.

¿Qué trajo esto por consecuencia?, que algunos optaran por comprar las divisas en estas Casas, para vendérselas luego a sus paisanos, sin colas ni horas de sol, con ligerísimas ganancias. Más tiempo demoran estos en adquirir los convertibles en las Casas de Cambio, que los policías en llevarlos presos si les sorprenden vendiendo a la entrada de las tiendas.

El puño férreo de una economía centralizada hasta lo inverosímil no tiene deslices, no duerme nunca, no deja un sector sin control. El comercio privado en Cuba es una muestra dolorosa de la forma en que un sistema ha obligado a vivir a millones de seres humildes.

Hace muy poco escuché a un anciano barbero decir que había entregado la patente que le permitía oficiar de manera legal, y que de vez en vez atendía (con los nervios de punta) a sus clientes de noche, en el patio de su casa. ¿La razón? Luego de las supuestas reformas económicas en beneficio de nuestra sociedad, el Estado le había aumentado sus impuestos hasta doscientos pesos al mes. Con semejante suma, apenas tendría ganancias.

Ver a aquel pobre hombre con arrugas en la piel y las ropas traslúcidas por el uso, y saber que no podría siquiera cortar el cabello con tranquilidad, consiguió arruinarme el día.

Consiguió que no dejara de preguntarme qué le hemos hecho a quienes nos dirigen, a quienes firman las leyes, a quienes manejan los destinos de esta nación, para que nos hagan tan difícil y maltrecha la existencia. Cómo es posible pensar que un hombre que gana un peso con cada convertible que vende, o algunos centavos con una jaba de limón que dispone en algún portal, es una lacra deplorable que hay que limpiar de esta sociedad.

UN EPÍLOGO QUE NO LO ES

No he vuelto a saber de mi amigo. He pasado un par de veces más por su exiguo apartamento, (donde, de tan pequeño, cuesta respirar) y cada vez encuentro las mismas ventanas y puertas cerradas. Temo por él. Sé que cuando menos le caerá encima una multa descomunal, y habrá perdido toda la inversión. Sé que llegado el peor de los casos, su esposa y su hijo de cinco años y medio no sabrían cómo vivir con él tras las rejas, sin sus inventos arriesgados para sostener los estómagos de la familia.

Pero temo más a la conciencia de quienes le apresaron, y de quienes le delataron. Sufro por el decoro de tantos cubanos entregados a la tarea de denunciar a sus vecinos, de marchitarles la sonrisa, de quitarles lo poco que adquieren, de vaporizar el pedazo de tranquilidad que representa para un pater familias ganar el dinero con el que aliviará la cocina del hogar.

Lo sufro porque en el empeño de construir algún día un país más libre y feliz, un país que se ajuste mejor a sus hijos, todos ellos serán el lastre que nos fijará al pasado.

 

 

 

 

 

 

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7 comentarios

Publicado por en agosto 14, 2010 en 02 Agosto

 

7 Respuestas a “Todos los Semáforos en Rojo

  1. delamanodelhermano

    agosto 14, 2010 at 12:53 am

    Es muy difícil decirlo en voz alta, pero verguenza es lo que me da, como cubana que soy, en lo que se ha convertido mi país. No pagan bien, no alimentan bien, y para colmo, castigan a los ciudadanos por buscarse la manera honradamente (porque en este caso esa mercancia no fue robada) de alimentar a su familia. Al igual que el hermano, yo tambien temo por la conciencia de esos seres, pero no solo por la conciencia, sino por la falta de identidad, por dejarse manejar como titeres. Que pena me dan.

     
  2. Estuardo León Grosso

    agosto 14, 2010 at 3:05 pm

    Soy panameño. He visitado Cuba varias veces desde 1960. Conozco personalmente a Fidel. Hemos conversado en su despacho oficial. He tomado café con “piquete” (gotas de coñac)con él. En mi juventud era tan fidelista como el que más, fuera de Cuba, al extremo de que mis jefes gringos me hicieron renunciar de la Pan American Airways en el aeropuero internacional de Tocumen, al mes de haber regresado de vacaciones en La Habana (23 años, casi casándome allá con la bellísima July Venegas, empleada de la PAA en las oficinas de El Vedado, echándome para atrás, asustadísimo, cuando la acompañé, junto con mi amigo Pepe Parra, a Mazorra, donde estaba recluida la madre de July)
    Aunque nunca he simpatizado con el comunismo ni con nada que se le parezca, no me sale atacar a Fidel aquí ni en ningún otro espacio o lugar (“obvio –quizá se me dirá–, no lo has sufrido como nosotros”) Sólo diré aquí que para mí,la fomentada por Fidel Revolución marxista-leninista, ha resultado ser no otra cosa que una descomunal Desilusión Inhumanística y antisocialista.

    Nota humnística al margen de lo otro: El joven y buen mozo cancionero cubano,Pepe Parra,de Llinás 210, entre Oquendo y Franco, La Habana, murió el día de su 24 cumpleaños, el mediodía del 31 de marzo de 1961, cuando estando con su novia en la piscina del Hotel Habana Libre, la furia de un huracán recién desatado desprendió algunas losas del mármol que cubría uno de los costados del edificio, aplastándolo e hiriendo otras a su novia. José Parra Roríguez murió casi instantáneamente. Su novia, muy lastimada y sin una pierna que le fue amputada, sobrevivió por varios días creyendo que Pepe vivía. Cuando se enteró de que no era así, duró poco. En la ciudad de Colón, donde yo vivia, al enterarme por su tío Arnaldo Parra de aquella tragedia, lloré por varios días…
    “Chico, Estuardo, piénsalo bien; si te casas con July, ojalá no les salgan locos los hijos, como tu suegra”, me decía chistoso Pepito, fidelista hasta las raíces de sus cabellos, dirigente universitario que fuera perseguido,apresado y torturado por las hordas batistianas, debiendo trasladarse a Colón, Panamá, por un tiempo. Por él, creí aún más en Fidel…

     
  3. cubanito_soy

    agosto 14, 2010 at 3:53 pm

    Esta historia es cotidiana en este pueblo, hoy mismo oía las criticas de los conciudadanos que junto a mí hacían cola para coger un poquito de agua para tomar en la “Fca. de ¿Refrescos? de Bayamo”(el lugar donde se puede coger un poquito de agua con calidad para beber en Bayamo), ¿la causa?, un vendedor de limones que se habían llevado detenido, en este país TODO es delito en esta capa social, ¿En la capa inmediata superior(la capa de los que tienen asignados carros con chapas marronas, que viajan con la gasolina de Lindoro, que arreglan sus carros en los talleres de Lindoro(tienen más facilidades que los pequeñoburgueses capitalistas, pues pagan por esas cosas, mientras para ellos es gratis), que “resuelven” con los homólogos de las otras empresas “estatales”) QUE CONSTITUYE DELITO?.

    Todos sabemos en Bayamo, Granma, Cuba, las casas que se están construyendo, con el dinero de LINDORO, los jefes del MININT, nada, que EN LA GRANJA TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, pero hay animales que son MÁS IGUALES QUE OTROS…

     
  4. cubanito_soy

    agosto 14, 2010 at 7:27 pm

    surfeando la red, encontré este artículo en Palabra Nueva, la publicación de la Arquidiócesis de La Habana,
    http://www.palabranueva.net/contens/0710/0001011.htm, queda claro que esta ABERRACION(con letras mayúsculas) es para mantener el mismo sistema que practicaba Stalin, todos vigilen a todos en su capa social, para nosotros en nuestra capa social poder DISFRUTAR DEL PODER

     
  5. mayra

    agosto 15, 2010 at 10:34 am

    Al leer “Todos los semafaros en rojo”me pasa lo mismo cada vez (siempre)que te leo :”Se me ponen los pelos de punta”.Al margen de lo que esta pasando en cuba,eres uno de los pocos que sufre el dolor ageno,siento realmente lo que te duele y ese es el mayor valor de este blog,la sinceridad con la que escribes,sentir que tus palabras salen del alma.

     
  6. poder

    agosto 17, 2010 at 5:04 pm

    Lo de cuba no tiene nombre, es la tirania y la postura mas facista que le han tocado a los cubanos. fidel no sera absuelto ni raul, todos son descarados peores que los burgueses, no pagan nada todo para ellos es gratis, al menos los burgueses pagan por lo que consumen y dan trabajo. Fidel los quita, como los limoneros. Eso en cuba no sirve, eso no tiene nombre y lo peor es que la enfermedad se propaga a otros paises.

     
  7. larisareprimida

    agosto 30, 2010 at 10:08 pm

    PALMAS para tu valentía, pero yo me pregunto, porque eres cubano como yo, ¿no temes por tu vida?, es que (sin que nadie me ataque) te digo que soy nacida y criada en esta sociedad en la que me han enseñado solo a temer(por cualquier cosa, hasta por comprar algo que necesitas , que en el comercio estatal es caro y de pésima calidad, y que alguien te lo ofrece a mejor precio porque lo pagas a plazo, pues el salario no da para vivir), vivimos como ovejas, todas al matadero sin gritar. Que tu voz como la de otros que se atreven pueda ser escuchada. Muchos esperamos un grito de LIBERTAD.

     

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