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The Book of Eli: Algo más que un mensaje entre líneas

27 Jul

No creo arriesgado decir, si nos atenemos a los más recientes sucesos, que la Iglesia Católica, principal institución dentro de la doctrina cristiana, vive por estos tiempos una de las mayores crisis que ha experimentado desde sus orígenes. Sobre todo, una crisis que va más allá del descreimiento de algunos de sus fieles en la institución de forma directa. La peor es, a todas luces, una crisis de fe que puede extenderse peligrosamente al cristianismo todo.

Los incidentes se han sucedido, uno tras otro. Algunos, en forma de escándalos literarios como el ocasionado por la publicación del Código da Vinci, de Dan Brown. Otros, protagonizados por conocidos nombres dentro de la Iglesia: desde un mediático sacerdote que se hace fotografiar en Miami Beach junto a su amada, y luego cambia de orden religiosa, que con un amnésico cura alemán que pone en duda si en verdad los nazis martirizaron a millones de judíos en los campos de exterminio.

Después, duras polémicas por si eran admisibles o no los sacerdotes provenientes de religiones protestantes, y finalmente el verdadero escándalo. El impacto de proporciones significativas, que involucró a varios curas en la corrupción de menores, y alcanzó incluso al Santo Padre como supuesto encubridor de hechos de esta naturaleza.

Con este telón de fondo, luego de ver el altamente publicitado filme The Book of Eli, me resulta difícil desechar la idea de que viene a cumplir un objetivo muy distante de los preceptos artísticos o estéticos, y que su estreno en este 2010 está muy ligado a la época por la que discurre el cristianismo de hoy.

Flaco favor acaba de hacerle Denzel Washington a su carrera actoral con esta realización de los Hermanos Hughes donde puso el protagónico. Y no porque la cinta sea como para esconder la cabeza como un avestruz avergonzado. Después de todo, cinematográficamente hablando, posee virtudes que, sin llegar a extremos, sí son palpables: una fotografía acertada, y un desarrollo dramático que consigue captar la atención del espectador con facilidad. Sin embargo, para un actor de su probada talla, le quedaba holgada la participación en un proyecto que, a mi juicio, pasa por descarnado panfleto, y lo que es peor: de la manera más burda que pudiera imaginarse.

Una apresurada síntesis del argumento: en un futuro de distancia imprecisa, el planeta sufrirá una guerra devastadora que acabará con la mayor parte de nuestro patrimonio material. En ese contexto, un elegido llevará a cabo una caminata legendaria para salvar del olvido, y reimprimir para la posteridad, un libro sin el cual la humanidad no se podría recuperar. Digámoslo, aunque sea evidente de cuál se trata: la Sagrada Biblia.

Ahora bien, ¿dónde están los elementos a mi juicio más cuestionables, más inadmisibles desde el punto de vista racional? En las trampas subliminales, (a veces sin ni siquiera subliminales, sino evidentes) que le tiende The Book of Eli a quienes creen que contemplan una película sin implicaciones más allá del arte o el entretenimiento.

Por ejemplo: el Eli que encarna Denzel Washington se enfrenta a diez, a quince, a veinte enemigos armados lo mismo con pistolas que con machetes y sierras eléctricas. Ni siquiera le tocan. Las balas, disparadas desde cinco metros de distancia por expertos tiradores, le silban por sobres los hombros y se pierden a lo lejos. En cierto momento, por si el espectador no se había percatado de ello, uno de los personajes se toma el trabajo de decir: Es como si estuviera protegido de alguna manera. Es como si nadie pudiera tocarlo.

¿De dónde proviene la fuerza, la superioridad, la condición sobrenatural de este hombre a quien los enemigos no consiguen derribar? Del libro que carga en su alforja. El libro que consigue aprenderse de memoria, y que recita con facilidad de iluminado.

Sin embargo, las connotaciones de manipulación llegan al límite cuando, una vez en el San Francisco que sobrevive a la catástrofe, Eli y Solara, su compañera de aventura, acceden al sitio desde el cual los humanos pretenden reconstruir el mundo perdido. ¿Qué se encuentra allí, rescatado de la destrucción, como únicas muestras de lo imprescindible para levantar los cimientos de nuestra especie? Están Shakespeare y Mozart. Están la Enciclopedia Británica, Wagner, y luego de la hazaña de Eli, la Sagrada Biblia.

Es decir: solo Occidente. Si en aquel bunker esperanzador figuraban muestras de las otras culturas que pueblan hoy el planeta; si se había resguardado una copia del Ramayana o de los sutras budistas, una página de Confucio o un fragmento de jeroglíficos egipcios, los guionistas del filme no creyeron preciso apuntarlo. O efectivamente, no existieron. Se extinguieron en una guerra de la cual evidentemente no salieron victoriosos, o no fue posible (o necesario) salvarlos.

Lo que el espectador avisado se pregunta, inevitablemente, es: ¿Por qué para reconstruir nuestro plural, hermoso y vasto reino, es imprescindible una cultura, y una religión, sin tomar en cuenta ninguna de las otras que poseen tantos fieles y representantes como aquella?

Dañino, muy dañino este precepto. Creo que ninguna actitud ha sido más nociva para la humanidad en toda su Historia, que la imposición de una fe por sobre todas las otras; la pretendida superioridad de una religión y de una cultura, por sobre el resto.

¿O qué puede reprochársele al fanático del Islam que en nombre de sus creencias asume como justo explotar un avión en pleno vuelo, solo porque los occidentales son infieles y Alá exige pagar la blasfemia con sangre? ¿Cómo predicar la igualdad, el respeto a las creencias todas, aunque no se compartan, si una suerte de autosuficiencia cultural y religiosa nos lleva a manifestar mensajes como el que The Book of Eli les prende a los espectadores en sus mentes?

Más aún: flaco favor le hace también esta realización al mensaje de amor, tolerancia y no violencia que inmortalizó Jesús a través de sus discípulos. No creo que un verdadero seguidor de las doctrinas bíblicas pueda comulgar con la actitud de un elegido a quien la santa voz le dicta qué hacer, y que en su camino destroza manos y gargantas con un cuchillo de espanto, y aplasta con furia sangrienta a todo enemigo que se le plante en el camino.

Vamos, que una cosa es Jesús expulsando con energía a los vendedores que profanaban el templo, y otra protagonizar carnicerías humanas mientras se marcha rumbo a la salvación de una doctrina.

No, yo no puedo aprobar lo que una cinta manipuladora e inquietante como The Book of Eli pretende extender como mensaje vital. No creo, tampoco, que un cristiano honesto, que defiende el amor como práctica imprescindible para el resguardo del alma, y la tolerancia como lema de equilibrio social, pueda aprobarla tampoco. Mucho menos, como estrategia artística para reparar una fe lastimada por nadie más que sus propios cultores.

Detrás de la salvación de un libro, de la supuesta reconstrucción de nuestro amado planeta, los Hermanos Hughes proponen con su película una mirada de exclusión, de irreverencia a la Gran Cultura Universal, tan peligrosa como la más encendida amenaza de un fanático de las Guerras Santas.

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2 comentarios

Publicado por en julio 27, 2010 en 01 Julio

 

2 Respuestas a “The Book of Eli: Algo más que un mensaje entre líneas

  1. palantesiemprecubano

    julio 28, 2010 at 10:01 pm

    Estimado Ernesto,
    El mundo no es blanco y negro, el mundo no es unipolar, el mundo es complejo. Igual, o quizas mas, lo es el tema de las creencias, y su necesidad, por el hombre.
    Interesante su articulo aunque un tanto naiv, que bambolea entre una critica de cine clasica y una llamda de urgencia a la “humanidad aletrargada”. Un articulo digno del Granma o de Juventud Rebelde.
    Dejeme aportarle algunos elementos que no pueden soslayarse n este tema. La Iglesia Catolica es la institucion, me atreveria a afirmar que mas bien es la forma de organizacion social estructurada, que ha logrado sobrevivir a todas las formaciones economico-sociales que ha conocido la historia del mundo.
    No crea que timonear en las aguas inciertas del esclavismo, feudalismo, pre-capitalismo manufacturero y, finalmente socialismo real, es facil y menos divertido. Ninguna institucion, movimiento o tendecia social ha logrado esto. Por lo tanto, no es apropiado subestimar a quienes han sorteado todo tipo de amenazas reales y/o fabricadas.
    La situacion del mundo actual inclina mas a todos a refugiarse en las instituciones religiosas, sean estas cuales sean, y la mayor y mas mundialmente extendida es la Iglesia Catolica.
    El ciudadano medio de cualquier pais, en este 2010, tiende su vista a los valores ancestrales de la familia y la union ante las crisis economicas y sociales que le quitan el sueño. Son mas los beneficios que encuentra yendo a descargar sus penas y compartir sus miedos en los oidos de un confesor y en una institucion que reafirma cada vez mas que Dios sigue siendo Amor junto a los Diez Mandamientos basicos.
    Con los fieles seguidores de otras religiones sucede lo mismo: cuando el mundo real se torna tan cruel al menos tienen que buscar la “salvación” o el alivio de las penas del alma en algun lugar.
    Recuerde que la Iglesia Catolica en Cuba, despues de pasar por las pruebas mas dificiles que ha tenido que soportar como Institucion desde su establecimiento en la Isla, siguio viviendo, gozando de una baja pero insistente intensidad, mientras mas triunfante y arrollador parecia el poder de los barbudos.
    Y supo esperar su momento. Sabiamente en el uinicio del fin del socialismo real como sistema en la Isla emergió, demostrando a los cubanos que le habian virado la espalda que alli seguia ella, con las puertas y brazos abiertos a recibirlos a todos como si nada hubiera pasado, sin cuestionamiento.
    Y las iglesias en los 90 no se comenzaron a llenar de los viejos asiduos que perdieron el miedo, NO, se llenaron de jovenes, hijos, sobrinos y nietos de aquellos que vieron la oportunidad que la espiritualiudad les ofrecia despues de tanto tiempo de represion.
    Lo que sucedio despues fue lo impensable, el mismo Fidel Castro decretó que los militantes del Partido que habian sido hasta ese momento militantes cristiano-catolicos en las sombras podian abandonar el closet sin cuestionamiento ni medidas “educativas”; en un momento premio, una vez mas, la doble moral de los cubanos, esta vez en en el plano politico-teologico.
    Y hasta dejo zanjada la diatriba entre a donde ir los Domingos para estos “pobres” militantes-creyentes que se debatian entre el deber partidista y las buenas costumbres catolicas. Entre Iglesia y Trabajo Voluntario, la eleccion del Comandante-Dios fue la Iglesia, no porque le gustara sino que comprendio que acababa de perder la lucha con un adversario que habia demostrado tener mas paciencia, elementos y recursos que él.
    La decision fue mas un repliegue total que una jugada tactica.
    Con estas lecciones de la historia le recuerdo, estimado Ernesto que la Iglesia no ha encontrado situación, figura politica o coyuntura que le ocasione mella, la haga detenerse o ceder un apice de sus postulados y planes.
    Y va a seguir siendo asi por un buen rato. Y esa es la verdad, desde el punto de vista que se quiera mirar.

     
  2. cubanito_soy

    agosto 3, 2010 at 12:31 pm

    Les dejo un link que habla por si solo del tema que magistralmente trata Ernesto, el autor es un ex-sacerdote jesuita, yo nací en una familia religiosa, el vacio existencial me llevó, después de un conflicto laboral, a refugiarme en ese mundo, pero no fue por mucho tiempo. Me quedó claro que la RELIGION SE PRACTICA, y el REINO(el único mensaje que Cristo predicó) SE VIVE, y donde buscar ese REINO??, pues miren este simple verso de la Good News Bible:

    Luc 17:21 No one will say, ‘Look, here it is!’ or, ‘There it is!’; because the Kingdom of God is within(dentro de) you.”

    Qué diferencia a BUSCAR EL REINO PRACTICANDO RELIGION!!!!

    http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/defendamonos_dioses/defendamonos_dioses.htm#Índice

     

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