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La Felicidad del Corredor de Fondo

15 Jul

El calendario marca 20 de Mayo de 2010. Son las diez y treinta de la mañana. En mi Bayamo natal hace otro día de calor plomizo que baña las frentes y genera estados de ánimo bien parecidos a la irritación. Pero eso es allá afuera, en las calles sin resguardo. En esta oficina de encajes en las paredes donde ahora mismo me encuentro, un aire acondicionado incrustado en la pared transforma la realidad circundante y la hace serena, apacible.

Frente a mí, aguarda un funcionario sentado tras su buró. Teléfono en mano. Desde mi entrada al local solo ha interrumpido su diálogo para decirme Buenos días Ernestico, toma asiento, con la naturalidad de quien estaba listo para verme aparecer. Poco después concluirá esta comunicación, y marcará otros dos números con intenciones precisas: solicita la presencia de algunos trabajadores de la institución. Les pide que acudan a su oficina de inmediato. Nadie me lo dice, pero lo supongo: se trata de los miembros del Consejo de Dirección.

El funcionario tiene una expresión serena en el rostro, sin rasgos duros o imponentes. Su nombre: Ernesto Douglas Bosch. Su cargo: Director de la Emisora Provincial Radio Bayamo, en la oriental provincia de Granma.

Los segundos se arrastran, estamos solos en su oficina en espera del resto de los convocados, y el peso del silencio le obliga a hablar:

– Déjame decirte algo por fin se percata de que existo-. Tú no tienes idea de la estima que yo te tengo. Primero por tu talento, y segundo por tu actitud como trabajador de esta Emisora, desde tu entrada hace más de un año ya. Pero hay cosas que me son difíciles de admitir, que me resisto a creer- dice, y deja la frase inconclusa, como si no valiera la pena continuarla.

Yo le escucho y, aunque él no lo sepa, estudio la circunstancia con un interés obseso. Presiento (desde hace diez minutos todo me lo advierte) que algo definitivo está por suceder en torno mío, y me alisto para captar la esencia de cuanto se diga, cuanto se respire en esta mañana.

Mi llegada a la institución donde he laborado como Periodista Cultural desde que concluyera mis estudios universitarios en el 2008, estuvo hoy marcada por un acto coercitivo que jamás había tenido ocasión de conocer.

La recepcionista había sido preparada: apenas asomara yo por la puerta de entrada, debía informarme de la alta determinación: el Director me esperaba en su oficina. Y así lo hizo esta, diligente. Yo agradecí su comunicado. Pero como a un encuentro con el Director yo podía ir después de darles los buenos días a mis compañeros de trabajo, opté por entrar primero a mi local, comprendiendo de paso que esta vez la cosa iba en serio. Lo olfateé en el gesto entrecortado y distante de algunos de mis colegas, y segundos después, de manera más explícita, lo supe por el oficial de Seguridad y Protección del centro, quien se encargó de conducirme personalmente hasta la Dirección. Para que no hubiera más desvíos en el trayecto.

Por eso ahora, cuando tres trabajadores de diversas áreas entran casi al unísono por la puerta, y toman asiento a mi lado, no me cabe duda de que asisto a una escena (como protagonista) para la cual, siendo honesto, sí estaba preparado, pero que no imaginé que pudiera llegar tan pronto.

El silencio es absoluto. Ernesto Douglas se limita a alcanzar un documento que (solo ahora reparo en él) se encontraba privilegiadamente ubicado a su diestra, sobre el buró. Lo extiende hacia mí y dice:

– Ve leyendo esto. Cuando termines hablamos.

Mi lectura duró mucho más de lo deseado por la paciencia general. Comprender a carta cabal esta Resolución 12 del 2010, plagada de por cuantos, siglas, referencias jurídicas, y una redacción por momentos incoherente, fue un verdadero ejercicio académico.

Sin embargo, la esencia de lo que tenía en mis manos no admitía dudas: mediante la Resolución 12 del año en curso el Director de la institución me expulsaba de la misma. De manera definitiva.

¿Me tomaba por sorpresa? Nuevamente: no. Mi única sorpresa provenía de la premura con que esta había aparecido. Y, por otra parte, del motivo esgrimido para hacerlo.

Veamos.

Detrás de este encuentro (que aunque me esfuerce por no hacerlo, no puedo dejar de calificar con un solo término: represivo), figuraban cuatro nombres en específico. Eran la base del iceberg. Los tres primeros eran nombres propios: Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Orlando Zapata Tamayo. El tercero era un apelativo artístico: Los Aldeanos.

Hacía muy poco que había publicado yo en la red dos trabajos que los tomaban a ellos como centro. Primero, un artículo (Revolution en la Aldea) que basándose en un documental de Mayckell Pedrero sobre este dúo de rap, analizaba aspectos musicales, sociales e ideológicos en torno al controversial y talentoso grupo. Luego, con el título La muerte que nunca debió ser, una valoración sobre la tragedia de Orlando Zapata Tamayo, un caso cada vez menos enterrado para la población cubana. Y finalmente, una extensa entrevista titulada Un límite para todos los odios, con la blogger de Generación Y y su esposo, el también periodista Reinaldo Escobar.

Conociendo la deprimente situación de los medios de prensa de mi país, no tuve siquiera la ingenuidad de pretender publicar estos escritos en algún espacio oficial, dígase revista, periódico o sitio web de la red nacional. Y conociendo (también) la minusvalía de la libertad de expresión en mi país, no supuse que luego de ejercer mi derecho a la voz propia, a cuestionar críticamente las actitudes y decisiones que al más alto nivel se estaban tomando, iba a pasar indemne a las represalias. Causa y efecto.

Pero el motivo que la Resolución 12 2010 refería como la falta grave por mí cometida parecía el fruto de una mentalidad creativa capaz de emular con el mejor George Orwell, y ya aquí mi adaptación al absurdo, mi resistencia al asombro, no pudo menos que ceder.

¿De qué se me acusa? Pues de, en mi calidad de periodista con una cuenta personal a Internet (solo utilizable en mi centro laboral), hacer un uso desmesurado de la navegación, accediendo a sitios de carácter subversivo y contrarrevolucionario contra nuestro país, a los cuales no tenía autorización a acceder. Estoy seguro: el desdichado redactor de este escrito debió sudar hielo para no mencionar de forma expresa la verdadera causa de mi expulsión. Pero como no hablar de esta parecía más difícil que sí hacerlo, el escriba cedió al impulso. Dijo: Se verificó igualmente la publicación de artículos en los sitios antes referidos. Solo eso.

Pongamos, pues, en claro el argumento: no se me sancionaba por publicar. Nada de eso. Hacerlo habría confirmado ciertas acusaciones sobre las violaciones a los derechos individuales, libertades de expresión y otros demonios, que era mejor no despertar en estos tiempos convulsos. Luego, en análisis posteriores, todas las máscaras caerían y la ira institucional contra un periodista que se atrevió a ser consecuente consigo mismo saldría a flote plenamente, pero en las dos páginas de truculentas evidencias, mis textos solo figuraban como un argumento de quinta importancia al que solo de pasada se les mencionaba.

Así pues, se me sancionaba por leer.

Por leer lo que otras voces, lo mismo de dentro que de fuera de mi país, dicen sobre un centenar de aspectos políticos, culturales y sociales tan afines con el periodismo que practico, como con la razón humana. Pero en esencia y sin maquillaje: me expulsaban por leer lo que no debía. Por hacer justo aquello que los mayorales de los campos de caña prohibían bajo castigos violentos a los negros esclavos. Y también: por hacer lo que el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, promulgó cierta vez como una máxima del proceso. Nosotros no le decimos al pueblo cree dijo en aquel entonces-. Le decimos lee.

De regreso a la oficina rectora de la Emisora Radio Bayamo, terminada mi azarosa lectura, encuentro el mismo silencio, la misma atmósfera densa que no le permite a ninguno de los presentes decir palabra alguna, o sentirse siquiera cómodos.

Le devuelvo el documento al Director, y este, obedeciendo a su planificación mental, pregunta:

– ¿Tienes algo que decir?

No podría saber si también por fuera, si me traiciona el gesto en mi exterior, pero internamente tengo que sonreír. De perplejidad.

Por mi mente pasa a la velocidad de un rayo el recuerdo de tantos expulsados, de tantos censurados en la más reciente Historia de Cuba, la que no se estudia en ningún colegio de la Isla. Y no precisamente el recuerdo de un Virgilio Piñera o una María Elena Cruz Varela. Pienso en los hombres de arena, los desconocidos cuyas historias de abusos contra sus derechos, de represalias ejemplarizantes como esta, no se conocieron ni conocerán jamás.

– Por supuesto que sí digo, aunque en verdad no me siento con deseos de replicar. El tamaño de la injusticia, de la arbitrariedad, consigue a ratos dejarnos sin palabras.

Pero hablo, finalmente. Por espacio de unos veinte minutos. Hablo de violaciones, y de la amnesia que al parecer seguía padeciendo mi país. El olvido de los resultados a los que métodos como este nos habían conducido desde décadas atrás, y que aún no se blanqueaban dedicando ciclos de conferencias o publicando volúmenes sobre el vergonzante y al parecer inmortal Quinquenio Gris. Hablo de mis derechos a la información y a la libre expresión. Hablo de las lagunas legales que, sin ser jurista, podía detectar de una simple ojeada en aquel libelo acusador. Hablo sabiendo que mi catarsis comedida no es otra cosa que el derecho al pataleo del ahorcado. Y cuando termino, tras dos segundos de pausa, mi director se dirige al resto de los presentes:

– ¿Alguien quiere decir otra cosa?

Cabezas que se mueven en un sentido y en otro. Y para mi sorpresa, sin más intervención da por concluido el encuentro, no sin antes informarme de los siete días hábiles que la ley me entrega para mi posible reclamación.

Su voz sigue siendo plana. Sus gestos no han variado la displicencia con que me recibió, mientras conversaba por teléfono. Y yo pienso: lo terrible no es que queden directivos que cedan a la tentación de usar sus poderes de la forma más arbitraria y brutal. Lo terrible es que, como estoy seguro que hará hoy el Director Ernesto Douglas Bosch, consigan dormir en paz en las noches, junto a sus esposas y sus familias relativamente felices.

– ¿Usted no tiene nada que decirme? pregunto antes de ponerme de pie -. ¿No tiene nada que decir a lo que desde hace varios minutos he dicho en contrapartida a esta sanción?

Su respuesta, rígida, ahora sí implacable, le sale sin pensar:

– Nada que decir. Te he escuchado, pero todo lo que debía decir está en el documento que tienes en las manos. Hemos terminado. Buenos días.

En ese preciso instante, en el segundo en que miro a sus ojos impávidos tras los cristales de aumento, comprendo que durante toda esta reunión sus oídos han permanecido clausurados a mi voz. Los de él, y los de todos. Nadie me ha escuchado en este encuentro espectral.

¿Por qué? ¿Por maldad de este locutor erigido Director, cuya jovialidad rayaba a ratos en la falta de carácter y autoridad? No, me digo. La razón es otra. La verdadera razón es que este hombre que con sus facultades me separa de la entidad que dirige, solo está cumpliendo órdenes.

Órdenes explícitas (Toma medidas drásticas con este caso), o implícitas (Si yo fuera tú, manejaría este asunto con inteligencia). O peor aún: órdenes interiores, incorporadas al pensamiento, que advierten de los riesgos de no ser enérgico con un trabajador equivocado y en consecuencia ser juzgado como un dirigente irresponsable y flojo. Órdenes de mil clases distintas. Pero órdenes al fin.

Por eso ni siquiera en este instante en que atravieso el pasillo rumbo a la puerta de salida, con la notable percepción de que quienes me miran lo hacen con una lástima (esta sí) humillante, con ojos de una solidaridad que, de no existir peligro alguno, podrían solidarizarse conmigo; ni siquiera ahora cuando sé que el vínculo ha sido cortado por fin, puedo experimentar animosidad alguna contra quien de un plumazo lo ha conseguido.

A mí no me expulsa Ernesto Douglas Bosch, pienso. Quiéralo reconocer o no, su triste función es la de marioneta de otros cerebros que, llegado el momento, no dudarían en echarlo al fuego a él justo como hace ahora conmigo. Es el ejecutor de una directriz trazada firmemente, pero que en el fondo, jamás sabré si él comparte o no. Como ninguno de los miles de cubanos expulsados de sus puestos, extirpados, condenados a trabajar en fábricas de acero o cañaverales, sabrá jamás si quien le comunicaba su destierro aprobaba internamente la medida, o si no le quedaba más remedio que materializarla por su propio bien.

Son casi las doce del día en el Bayamo de mi Cuba insular. Bajo el mismo sol desértico deambulo otra vez por la ciudad donde cientos de años antes, un pueblo ferviente y lacerado cantara por primera vez los versos del Himno Nacional. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, pienso, antes de perderme por la arteria comercial más transitada de la urbe.

Y pienso, también, que ninguna de las personas que pasen ahora por mi lado, ni las que detrás de mí han quedado comentando mi caso, ni el Director Ernesto Douglas Bosch allá en su triste oficina de encajes en las paredes, podría comprender el estado de ánimo con el que vuelvo sobre mis pasos rumbo a mi independencia personal, y profesional. Esta especie de armonía interior tan parecida a la del corredor de fondo que, separado de la multitud, (no importa si delante de esta o detrás, o a un lado) corre a su aire sin que el resto consiga entender su ligereza, y su sonrisa de felicidad.

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32 comentarios

Publicado por en julio 15, 2010 en 01 Julio

 

32 Respuestas a “La Felicidad del Corredor de Fondo

  1. david

    julio 15, 2010 at 9:45 pm

    sin palabras

    libertad para nuestra tierra

    viva cuba libre ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿

     
  2. John j Vallejo

    julio 15, 2010 at 9:46 pm

    Tan largo, parece que fue escrito en el Diario de la Marina.

     
    • Palantesiemprecubano

      julio 15, 2010 at 10:30 pm

      Estimado John, desearia profundamente que usted no fuera cubano, pero su mencion al Diario de la Marina le identifica como cubano, de los que apoyan lo absurdo en una Isla que en cierta ocasion fue hogar para todos sus hijos y ahora los ve partir en todas direcciones buscando otros lares donde sentirse seres humanos.
      Es bien pobre el favor que se hace dejando tan soez y escueto comentario. Debe ser la falta de elementos lo que le ha hecho dejar esa virulenta lines.
      De todas maneras sea bienvenido al mundo libre donde Usted tambien puede ejercer el derecho de opinar, aunque le parezca algo raro por lo inusual que resulta oir los criterios de otras a quienes no quieren oir que otras personas tienen formas de pensar diferente,

       
      • Vicente Prieto

        julio 26, 2010 at 12:15 pm

        Voy a responderle a usted y no a mi amigo Ernesto Morales, de quien siempre seré amigo.
        Yo estoy fuera de Cuba, y no veo la cacareada libertad por ningún lado.
        Lo único que veo son niños menores de 10 años limpiando zapatos, trabajando de estibadores, que no pueden ir a una escuela o la escuela no satisface las necesidades de educación.
        Veo a gente morirse en un hospital porque no tiene dinero para pagar el servicio. Gente enterrada en cualquier sitio o cremada porque la familia no tiene para pagar el velorio.
        Siento mucho lo que le pasó a Ernestico. Pero se le pasó la mano. No hay por qué hablar mal de la casa.
        Y para que no pierdan tiempo atacándome, como hacen cuando no tienen criterios, ahórrense el trabajo de escribirme porque no lo voy a leer.
        VIVA CUBA LIBRE COMO YA ES.

         
  3. virginia

    julio 15, 2010 at 11:00 pm

    e leido su despedida cuato lo siento pero a saber en ese pais no hay nadie que tenga el valor de ponerse a los mandads de otros y dicen ser hombers cuado no tienen el valor a decir que no lo que le dan ordenes espero que cuba llege hacer un pais libre de amenazas y liberta para todos los cubanos de cuba y los que se encuentra fuera de ella.

     
  4. SAUCEDO MIAMI

    julio 15, 2010 at 11:24 pm

    Privilegiado éste señor que tanto leyó “El Diario de la Marina”. Yo, con 58 años sólo he podido ver unos pocos ejemplares que están en la internet. Si esos ejemplares fueran regados sobre Cuba desde un avión, a la tiranía no le quedaría más remedio que derribar el avión y secuestrar los ejemplares como único medio de sobrevivir. Si la gente hoy en día viera los comerciales, las calles como San Lázaro, llenas de tiendas y el caché que tenía aquella Habana, es posible que tomen sus machetes y avancen sobre el “palacio de la revolución”.
    Licea, la escena que narra es idéntica a la mía en seguridad del estado hace 30 años. Sólo que cuando esperaba al menos 7 años de carcel, el teniente interrogador me dijo que me dejarían ir para USA.Con agradecimiento, guardo su nombre en un lugar privilegiado de mi mente.

     
  5. Ricardo E. Trelles

    julio 16, 2010 at 1:34 am

    Bueno, mejor así que habiendo renunciado a un medio de comunicación cuyos principios casi nada o nada compartes. Ahora además de liberarte de tan incómoda situación, tu caso ha sido medio para colgarles una deshonra más. Doble ganancia. ¡A trabajar libre (y con muchos riesgos. lo sé), que Cuba necesita mucho periodismo de calidad y profundidad!

    Saludos.

     
  6. Ernesto

    julio 16, 2010 at 3:50 am

    Hermanito, después de leer tu extensa narración me pasa lo mismo que a tu antiguo jefe. No tengo nada que agregar. Yo pudiera ser tu padre y mi historia similar ya tiene casi 25 anos de anejo, no obstante se me erizaron los pelos leyéndote. No sabes qué bien puedo sentir la atmófera de esa oficina hermética y oscura, no sabes cuánto me repugna esa cara de funcionario que no conozco y me parece estar viendo, no sabes cuánto dolor me me causa la indolencia de tus companeros de trabajo. Al final del “cuento” me quedo con la sensación de que en la “isla del tesoro” todo permanece inmutable, que se abolió el tiempo, que si 25 anos han pasado, sucedió esto en otros lugares, no allá. Y te cuento hermanito que cuando se tiene mi edad, que ya dobla la tuya, se sabe cuanto rueda y cambia el mundo en veinticinco anos. No sabes cuánto me recuerdas a mi mismo, cuando miro tu foto, cuando te leo. Un abrazo desde el caluroso verano europeo de tu falso tocayo Ernesto.

     
  7. F.Hebra

    julio 16, 2010 at 10:08 am

    Casi al dedillo se repite contigo mi experiencia, !en 1972,38 años atrás¡,cuando fui expulsado de la Escuela de Letras.La razón “oficial”,la que me expusieron fue que me gustaban los Beatles y mi evidente “diversionismo ideológico”.
    Hace pocos años llegó a mis manos una copia de mi expediente,me la hizo llegar alguien que estaba en la reunión donde fui expulsado y que en aquel momento actuó como uno de los verdugos.Mucha gente cambia,tarde pero cambia.La copia del documento vino acompañada de excusas por haber sido parte del tribunal inquisitorio.
    ¿Sabes lo que dice en la última página de mi expediente?:”Baja a petición del alumno”.
    No sabes lo bien que comenzarás a sentirte ahora,libre de no pertenecer a esa caterva de hijos de perra que,aunque posiblemente te compadecen en su doble moral,son cómplices del aparato.
    Suerte con tu nuevo blog y adelante.Vuela con tu nueva libertad y nunca olvides ni perdones,eso te dará fuerzas.

     
  8. Javier

    julio 16, 2010 at 10:25 am

    Magnífico relato. Intento ponerme en tu lugar, y siento escalofríos, pero tambien admiro tu valor.
    Quiero creer que ese director, y todas esas marionetas y cerebros que estan asfixiando a Cuba, no puedan dormir en sus noches, y por sus venas corra el miedo de que, cuando esta estúpida revolución muera con Fidel, sean ellos los que tengan que marcharse, pues no merecen vivir entre honestos y luchadores Cubanos como tú, Yoani, o Los Aldeanos. Mucha suerte.

     
  9. alejandro lora

    julio 16, 2010 at 11:17 am

    He sido trabajador de la radio y la television cubana por anos…y aunque fui bien rebelde y “bocon” como dicen ellos..nunca tube el valor de hacer lo que esta persona con los pantalones bien puestos acaba de redactar, en apretada sintesis, pues para entender este fenomeno (cuba) se necesitan muchas cuartillas y al final quedaria la duda si entendimos tan “complicado” proyecto social este el de nuestros compays y comais (companeros y companeras) …que tristeza embarga mi pecho…cuantas injusticias….hermano periodista no pierdas NUNCA tu libertad individual…no importa lo que digan en tu interior ERES LIBRE. gracias por tu articulo

     
  10. Luisa

    julio 16, 2010 at 12:01 pm

    Eres bello tanto fisicamente como internamente, te apoyo 100 %

     
  11. Ricardo M Deltoro

    julio 16, 2010 at 12:48 pm

    Ernesto, tal como escribió F. Hebra en su comentario, puedo añadir similar experiencia al infinito ejercicio de la injusticia…sí ahí en tú ciudad, que fue de alguna manera y sigue siendo mi inovidable ciudad bayamesa. Aunque ha pasado más del tiempo de por ti vivido. A casi tú edad, viví una escena, que al leer tú historia tan magnificamente relatada, sentí mi presencia, sentado al igual que tú, ante un pobre infeliz que me echó de mi trabajo inmisericordemente porque esa era la orden, y sigue siendo la orden. Pero sabes qué?, en aquella oficína me despojé del miedo…y transité y caminé la calle Gral. García con mis bolsillos flacos, muy flacos, pero con mi corazón repleto de alegría, con mi conciencia limpia y con el orgullo de llegar a mi humilde casa, mirar a mi bebé en su cuna y prometerle su libertad…y a Dios gracias así fué. Mis respetos para ti, mi admiración y una muy merecida felicitación por el estupendo manejo de la palabra y por saber contar…cuentas impecablemente.

     
  12. kastanka

    julio 16, 2010 at 1:19 pm

    Unos se van a España y otros empiezan su carrera. Nadie puede parar los deseos de libertad aunque destierren a sus colegas.

     
    • YODEL

      julio 16, 2010 at 3:17 pm

      Pasé por las mismas escenas, viví los mismos instantes, me dijeron las mismas palabras.
      Es una máquina de destrucción de personas lo que existe en nuestra Isla. Son millones muriendo a esta hora en vida, en la ignorancia más abismal, en el sueño mentiroso de ” con todos y para todos”.
      Tendremos tiempo de hacer una Cuba mejor. Tendremos tiempo. Hoy estoy más optimista. Quizás es porque contigo somos más, también millones.
      Abrazos.

       
  13. Purosabor

    julio 16, 2010 at 5:34 pm

    Es increible que esto este pasando aun en nuestro pais y con nuestros hermanos , es alarmante que se pueda jugar con la pasion de un ser humano de esta forma .
    Recuerdo cosas como estas que en mayor o menor grado nos han sucedido a todos los que crecimos con el yugo a nuestras espaldas .
    Hermano , LO UNICO QUE TE PUEDO DESEAR ES TODA LA FUERZA DEL MUNDO PARA SEGUIR ADELANTE !!!!!!!!

     
  14. despues de botao ...tu hermano

    julio 16, 2010 at 7:43 pm

    Yo tambien tuve mi oficina fria y desoladora con jefe, sindicato y jefe de personal
    en el 2002 y siento que desde que lei esto que te tengo una gran afinidad por tener los dos que lidiar con semejante situacion……sin cagarme en la res…. de la madre de los comunistas
    sigue escribiendo y cuidate
    olvida lo de la marina …ojala yo tuviera tu verbo
    hubiese tenido el triple de jevitas jajajajaja

     
  15. p.giorgio

    julio 17, 2010 at 10:42 am

    Ciao Ernesto,
    aunque supiera lo que pasa en Cuba, me quedè sin palabras. Siempre hay la esperanza que algo mejore, pero a veces hay que esperar demasiado. El futuro de Cuba està en el alma y el cerebro de jòvenes, como tu eres, que no tienen miedo de hablar y escribir en nombre de Democracia y Libertad.
    Coraggio Ernesto, porta avanti la tua battaglia, anche se è molto difficile: todo el mundo libre està contigo.
    Un saludo y un abrazo desde un amigo italiano.
    Jorge

     
  16. Un amigo

    julio 17, 2010 at 11:12 am

    Ernesto , yo corte y pegue tu articulo en el blog de Francisco Rodríguez Cruz ( http://paquitoeldecuba.wordpress.com/2010/07/11/yo-pude-haber-sido-el-%E2%80%9Cagente-arcoiris%E2%80%9D/#comments ) él es periodista del periodico trabajadores. Es interesante su opinion, crees que podrias utilizarla en tu defensa? Que tal una demanda en la corte, discriminacion o algo asi?
    Aqui va su opinion:
    Comentario por paquitoeldecuba on Julio 17, 2010 3:49 am
    Ernesto Morales debió reclamar esa medida si su fundamento fue ese: “hacer un uso desmesurado de la navegación, accediendo a sitios de carácter subversivo y contrarrevolucionario contra nuestro país”, porque entonces todos los periodistas de Cuba tendríamos que ser sancionados y separados de nuestros puestos.
    Captura de pantalla:

     
  17. Claudia Cadelo De Nevi

    julio 17, 2010 at 1:36 pm

    Hola Ernesto:

    Estoy al tanto gracias a Yoani de todo lo que te ha sucedido.Vivo en La Habana, publiqué en mi blog tu texto sobre la muerte de Orlando Zapata y la entrevista a Yoani y a Reinaldo. Me encantaría que nos conociéramos, mi teléfono es 52 666 833, por favor, llámame de un fijo y yo te llamo de vuelta.
    Un abrazo y fuerza,
    Claudia

     
  18. cubanito_soy

    julio 17, 2010 at 3:24 pm

    Hace 5 años(Enero del 2005), en una institución del Sistema Empresarial del MININT(¿Ministerio del Interior?) viví una pesadilla como esa que cuentas, bien se lo que sientes, pues no paz en el fin de año anterior(la componenda venía desde Diciembre 2004). Ojala y en tu jóven alma, y en tu ser lleno de sueños, no queden heridas, perdona a esos lacayos(recuerda que Roma paga a los traidores, pero los odia), pues eso es lo que son, se ponen al lado de la capa esa que se apropia, usa y abusa de los bienes y servicios que un pueblo produce, en el fondo no tienen principios, y han vendido su alma al diablo(que todos sabemos quien es en este caso en nuestro amado Caimán verde). Se me llenaron los ojos de lágrimas recordando aquellos días, y tienes mi solidaridad, llegué a este blog por dos amigos cómunes que me contaron tu historia, y me dieron el url, que los vientos de la dicha te lleven lejos en la vida, muchacho

     
  19. Bayames de origen

    julio 17, 2010 at 3:51 pm

    Hola, pase por lo mismo en CUba, pero las razones que “usaron” en aquel entonces ya no son validas, por suerte pude “desquitarme”, pues a todos esos (incluido tu pobre director), les llega la hora, no es que hay andar pensando en la venganza, pero sin dudas, le llegara su momento a cada uno de ellos, tiempo al tiempo. Gracias por tu post, adelante, que una vez mas los bayameses iniciaremos de nuevo la lucha por la libertad, nunca nos doblegaron, ni lo haran.

     
  20. Gabriel

    julio 17, 2010 at 6:05 pm

    Querido Ernesto;

    Creo recordar que Yoani me había dicho que se había retrasado la publicación de tu entrevista con Yoani y Reinaldo, hasta el momento en que embarcaste en un avión para un sitio seguro. Debe ser que la memoria me falla.

    Te lo digo, porque parece que sigues en Cuba.

    ¿O no?

    En todo caso, querido Ernesto, enhorabuena por tu recién adquirida libertad.

    Me gustaría disponer de un correo electrónico tuyo para mandarte algunas cosas.

    Un abrazo

     
  21. Carolia1985

    julio 19, 2010 at 5:16 am

    Que verguenza, y pensar que existan esas atrosidades en nuestro pais, y el sr, J. Vallejos, eres un cretino, y un,estuppido, que no tiene la mas minima solidaridad con los que necesitan nuestro apoyo, Pequeno hermano, solo te digo una cosa: no hay mal que dure 100 anos, ni pueblo que lo resista. viva cuba libre.

     
  22. josepcalvet

    julio 19, 2010 at 2:47 pm

    Ernesto: Viste que fui de los primeros en darte la bienvenida a la blogosfera o mejor dicho dar la bienvenida al nuevo blog.

    Tal vez tengas la posibilidad de aclararme algunas dudas, dado que estoy escribiendo acerca de tu despido.

    ¿Cuando decides hacer la entrevista al matrimonio, Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, lo comentas en tu trabajo, lo incorporas a tus tareas profesionales, pides permiso, etc o es una iniciativa tuya al márgen de Radio Bayamo?

    ¿Qué día se realizó la entrevista?

    Me gustaría usaras estos comentarios para establecer un diálogo que sería provechoso, dado que son muchas las dudas que podemos tener los no cubanos cuando tratamos de entender un poco qué está pasando ahí.

     
  23. elpequenohermano

    julio 19, 2010 at 11:07 pm

    Queridos amigos:
    A raíz de los posts publicados he recibido, además de comentarios que agradezco profundamente, varias preguntas de muchos de ustedes, interesados en disímiles asuntos lo mismo personales que profesionales. A todos les reitero mi dirección e-mail: ernestomorales25@gmail.com
    Prefiero contestarles por esta vía y no mediante respuestas a sus comentarios directamente en el blog. Entre otras razones, porque ustedes ven mi blog pero yo no: sus comentarios me los envían para tener un poco de feedback. Pero no tengo acceso a Internet. También a mi correo tengo acceso mediante artimañas escapistas, pero sí me es más sencillo de esta manera.
    Estaré muy dispuesto a cualquier comunicación directa, como estoy muy agradecido de que me lean.
    Afectos a todos,
    Ernesto Morales Licea.

     
  24. Mayra

    julio 20, 2010 at 9:20 pm

    Y te salvastes de que no te hicieran un mitin de repudio a la salida de la emisora ,con huebos y tomates tirados incluidos o con una golpiza por parte de las brigadas de respuesta rapida .Una Pregunta No hay un sindicato de trabajadores dedicados al periodismo (porque en Cuba hay un sindicato para todo).Nadie puede defenderte ,quejarse de tu caso ,otro periodista .paquitoeldecuba que tan revolucionariohomosexualy controversial y justo es ?y va defendiendo todas las causas ?se fuerte y ayuda no te faltara.

     
  25. Vicente Prieto

    julio 26, 2010 at 12:24 pm

    Amigo Ernestico, siento mucholo que te pasó, pero tal vez si hubieses estado donde yo estoy ahora, no lo hubieras hecho. Solo te digo esto: a veces uno se equivoca. La cuestión no es lo que haces, sino cómo lo haces. Lo que he aprendido en mi “gira” de más de dos años por Chile, Ecuador, Colombia y ahora Bolivia me hacen cada día querer más a Cuba como es. Porque nos protegen y no te imaginas de cuánto. Lo que viven nuestros paisanos en Estados Unidos no es lo que viven los otros latinoamericanos allí mismo, ¿no te preguntas por qué? Porque nos quieren utilizar hermanito, no es mentira. Ojalá que pudieras estar acá, sé que eres de izquierda, te cionozco y lo sabes. Sé que si estuvieras aquí estarías escribiendo contra el neoliberalismo y contra el imperialismo feroz que todo lo quiere, arrasando con lo que encuentra a su paso. No te creas los cantos de sirenas.
    Un abrazo a tus padres, dile a Hidelbita que no me olvido de mi mejor profesora.
    Un abrazo fuerte para ti hermanito.

     
    • palantesiemprecubano

      julio 28, 2010 at 10:27 pm

      John J. Vallejo/ Vicente Prieto o quien sea la proxima vez:

      Parece Usted del mal de los que ven los arboles pero no el bosque. Sabe que en su respuesta a mi comentario ha mentido Usted de manera burda e intencionada en todos los ejemplos que ha puesto. No creo que en su vida haya puesto un pie fuera de su jaula, digo, de Cuba.
      Me parecen cinicas y taimadas sus palabras. Sea franco con Usted mismo y no envenene con mas mentiras y lugares comunes “Lo único que veo son niños menores de 10 años limpiando zapatos, trabajando de estibadores, que no pueden ir a una escuela o la escuela no satisface las necesidades de educación.
      Veo a gente morirse en un hospital porque no tiene dinero para pagar el servicio. Gente enterrada en cualquier sitio o cremada porque la familia no tiene para pagar el velorio”.
      En que Guia de la Batalla Cibernetica leyo todo eso? Si hay un nercenario que ha entregado su alma al Diablo y trata de confundir a quien dices es tu amigo, ese eres tu.
      Elementos para rebatir lo que dice son lo que sobran. Salga de donde este y comience a caminar por cualquier lugar de Cuba y ahi encontrara todas las verdades de pobreza, abandono, falta de maestros, higiene, alimentos, agua; como cualquier otro pais del Tercer Mundo.
      Una sola cosa que prometio el Comandante-Dios es la que ha cumplido: TODOS SEREMOS IGUALES, Si, MENDIGOS.
      Ojala puedas dormir tranquilo despues de tratr de traicionar y “aleccionar” a quien llamas “hermanito”, con la misma condescendencia que los jerarcas del Partido en Cuba llaman “condescendientemente” a aquellos que pretenden “llevar al buen camino”
      CINICO COMUNISTA, RATA ROJA!!!

       
  26. Reinaldo Caraballo

    octubre 6, 2010 at 1:21 pm

    Vicente Prieto; mal de muchos, consuelo de tontos.
    Quizas tengas razon, y el hecho de que Haiti, Burundi y Guamuta esten mucho peor que Cuba debe ser suficiente como para que algunos carneros como tu se callen y aplaundan todas las barbaridades del regimen que en medio siglo llevo a Cuba a la bancarrota economica, pero sobre todo, a la destruccion moral.
    La manipulacion que tratas de hacer, hasta de que a los cubanos en USA los utilizan para mostrar algo que no tienen el resto de los latinoamericanos alli mismo, es tan burda y estupida que solo mereceria una carcajada, si no fuera por la mala intencion que se te sale por los poros y entonces solo se logra sentir aun mas desprecio por personas como tu, carnero y guanajo de una dictadura.
    Ya que has “viajado” tanto, quizas podrias contarnos de lo bueno que has visto,vaya, porque algo creo que habra de bueno en algun lugar, ¿no? y no solo de lo malo que insistes en “retratar”, aunque no se si porque lo viste en realidad, que lo dudo mucho, o porque te lo “contaron”.
    Segun tu brillante deduccion, podrias indicarnos como justifica el que hayan expulsado a Ernesto de su trabajo, violando los mas elementales derechos de un ciudadano, con el hecho de que en Haiti se muera alguien en un hospital? Y de paso, ya que pareces tan conocedor de todo, podrias explicarnos cuales son, a tu entender, las causas de que aun estando Haiti tan mal como esta, a ningun haitiano se le ocurre irse a vivir a Cuba y si por casualidad carenan en las costas de Oriente, prefieren que los regresen a su miseria antes de quedarse en el “paraiso” castrista?

     
  27. Qza

    octubre 7, 2010 at 12:37 am

    sin dudas, un grave error

     

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