Si una perturbadora frase de Milan Kundera afirma que el hombre jamás podrá saber cómo actuar ante cada reto diario, porque la vida es una actuación sin ensayo, un cuadro sin borrador, un juego sin entrenamiento, también es cierto que existe un método generalmente útil para intentar adelantarnos a los acontecimientos, como quirománticos que husmean el futuro en las palmas de las manos.
Este es: estar atentos a la historia. No la Historia con mayúsculas que aprendemos en los libros de escuela: la historia que transcurre en este segundo a nuestro alrededor y de la que formamos indivisible parte.
Cabe decir que para todos los cubanos, y en particular para los millones desperdigados por los cuatro costados del mundo, se trata de un método altamente recomendable por estos tiempos. Veamos.
Si a los exiliados de Myanmar, ciudadanos democráticos a quienes una feroz junta militar les obligó a huir de sus tierras durante décadas, les hubieran contado años atrás que en el 2012 serían poco menos que extraños para la situación concreta de su país, con toda seguridad no lo habrían creído.


