Construir un personaje novelesco a partir de su perfil sería relativamente fácil. Su nombre de pila es Alejandro Cao de Benós, su nombre adoptivo es Cho Sin-il (en coreano significa “Corea es una sola”) y ostenta el desconcertante título de Delegado Especial Honorario de Norcorea, lo cual significa que este catalán de origen aristocrático es el vocero oficial de Corea del Norte en el extranjero.
Pero sus funciones abarcan un poco más.
La defensa a ultranza de la dinastía Kim desde principios de los ´90, y su activismo sólido e imperturbable fuera de la península, le granjearon a Alejandro Cao de Benós una confianza tan absoluta del recién fallecido dictador Kim Jong-Il, que terminó por erigirse una especie de máximo censor nacional, al extremo de decidir qué información se transmite desde Norcorea hacia el mundo, y viceversa.
Se trata -como él mismo en otras palabras lo afirma- del único occidental que pertenece al círculo todopoderoso del país más hermético y feroz del mundo actual.
Esta entrevista telefónica, pactada tras la muerte del “Querido Líder” (como toda Norcorea está obligada a llamar al extinto Kim Jong-Il), duró apenas veinte minutos. El señor Alejandro Cao de Benós respondió con mucha disposición mis preguntas, aunque a veces yo me preguntara si respondía las mías o las de alguien más: por momentos sus palabras ni siquiera bordeaban los puntos ácidos sobre los que yo pretendía indagar.





