Excelente oportunidad le ha llegado a Raúl Castro para demostrar la posible honestidad de sus palabras. En el puñado de años en que ha sido el regente de ese feudo familiar que es la Isla toda, el menor de los Castro no ha dejado de repetir una máxima con su voz agria y como fuera de revoluciones: “Que cada cual diga lo que piensa, que cada cual critique con sinceridad, y sus inconformidades serán escuchadas.”
Ahora que Eliécer Ávila, un joven de 25 años de origen campesino, sin premios internacionales que molesten ni familiares en el extranjero que mitiguen su desempleo, ha vuelto a ser noticia, Raúl Castro, si le interesara, podría dar muestras de una atención ejemplarizante, y de que cuando habla, habla en serio.
¿Cómo? Se me ocurre una de infinitas posibilidades: llamada telefónica de 5 minutos, orden a cierto vasallito de rostro carcomido: “Tu próximo invitado ala Mesa Redonda será el joven Eliécer Ávila. El programa dura lo mismo que la entrevista de Estado de SATS, dos horas, así que estarás en igualdad de condiciones para analizar las críticas de un joven revolucionario.”






